Binomio política-deporte

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Si eres de los que cree que la política y el deporte van cada uno por un lado, siento amargarte el día, pero no es así.

¿Cuántas veces oímos que la política y el deporte no deberían mezclarse?

¿Podemos separar la política de cualquier aspecto de nuestra vida en sociedad? Sinceramente, creo que no. Si tú no haces política, te la hacen.

Vamos a centrarnos en el mundo del deporte con todo lo que ello abarca. El tema da para mucho y es imposible resumirlo en unas líneas.

Tenemos  gestos políticos, históricos por su repercusión,  llevados a cabo por colectivos o deportistas aprovechando un gran evento deportivo. Nos sirven como ejemplo  los atletas negros estadounidenses Tommie Smith y John Carlos, que al subir al podio para recoger sus respectivas medallas y escuchar el himno en la Olimpiada de México’68, alzaron el puño, símbolo de los Panteras Negras,  para protestar contra la discriminación racial en EEUU. También, en el mundial de fútbol de México’86, el partido entre Inglaterra y Argentina, vencedora del encuentro, sirvió como “revancha” por la Guerra de las Malvinas unos años antes.

Por otro lado, tenemos organismos deportivos que, en principio, no son políticos. En este grupo nos encontramos el COE o las federaciones deportivas, pero todos recordamos cuando durante la fase de elección de la sede olímpica para las olimpiadas de 2020, en  la que Madrid era una firme candidata, una pregunta del príncipe de Mónaco (y como escribió Cervantes, “…de cuyo nombre no quiero acordarme…”, ni puñetera falta que hace, esto lo añado yo)  a la delegación española sobre seguridad y terrorismo, buscando beneficiar a Francia, nos hizo quedar sin posibilidades; o actualmente, existe una gran polémica por los mensajes filtrados entre el presidente de la Federación Española de fútbol, Luis Rubiales, y el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en los que aquel le pedía ayuda por ser del  mismo partido político y hacer rabiar a la oposición, o la retirada de la candidatura conjunta entre Aragón y Cataluña para ser sede de los juegos olímpicos de invierno.

Y por último, tenemos las instituciones públicas, gobernadas por partidos políticos. Éstas marcan unas líneas políticas para el desarrollo de lo que creen que es la forma correcta de beneficiar a la sociedad en su conjunto.

Partiendo de esta base, igual que en las políticas sociales o en las políticas de empleo,  los malos resultados se le achaquen al político, también habrá que reconocerle su buen trabajo cuando lo hace bien. Lo mismo pasa con el deporte. Habrá que reconocerle al político cierta culpa en un  éxito deportivo  cuando ha hecho las cosas correctamente. Eso si, ya sabemos cómo busca la rentabilidad un mal político, sacándose la foto, aunque sea inmerecida.  Pero lo que no se puede aceptar es que le robe la fotografía al deportista, que es el verdadero protagonista. Al mismo tiempo, tampoco podemos obviar que el deportista necesita esa foto  para su difusión y retorno con sus patrocinadores.

Estamos en un momento en el que el hartazgo de la gente con la clase política está en un momento álgido, pero creo que es injusto achacar la culpa de una fracaso  al gobierno  y cuando éste tiene éxito en sus políticas no quererle reconocer su mérito, aunque sea solo mediante una fotografía.

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