febrero 13, 2026

Fibwi busca redención tras la tormenta arbitral

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Fibwi Mallorca y Hestia Menorca se citan este domingo en Son Moix (12:00) en un partido marcado por la resaca emocional, el desgaste físico y un contexto arbitral que ha encendido la Primera FEB

Hay partidos que empiezan mucho antes del salto inicial. Este Fibwi Mallorca Bàsquet Palma–Hestia Menorca, correspondiente a la jornada 21 de la Primera FEB, es uno de ellos. El domingo, a las 12:00, el Palau Municipal d’Esports de Son Moix volverá a abrir sus puertas apenas cuatro días después de una noche que todavía escuece. El 79-80 ante el Flexicar Fuenlabrada dejó al equipo de Pablo Cano con el orgullo intacto y la clasificación en equilibrio inestable: décimos, 9-10, en esa frontera difusa entre mirar hacia abajo o empezar a insinuar una mirada hacia arriba.

Enfrente, un Hestia Menorca octavo (10-8), también herido. También indignado. También convencido de que compite en una liga donde cada detalle pesa demasiado. No es un partido cualquiera. Es un duelo de estados de ánimo.

El cuerpo, la cabeza y el calendario

El Fibwi afronta su tercer encuentro en ocho días. Eso, en febrero, en una categoría física y exigente como la Primera FEB, no es un matiz: es un factor estructural. Las piernas pesan, las rotaciones se ajustan, las microlesiones se gestionan en silencio. Pero más allá del músculo, está la cabeza.

La derrota del miércoles no fue una derrota neutra. Fue una caída en la última posesión, tras levantar 18 puntos, en medio de un contexto arbitral que incendió el pabellón y terminó con Pablo Cano expulsado. Son Moix pasó del silencio incrédulo al rugido volcánico en cuestión de minutos. El equipo respondió con carácter, pero el golpe emocional existe.

Ahí entra el trabajo invisible del staff. Recuperar físicamente es cuestión de hielo, descanso y control de cargas. Recuperar anímicamente exige relato. Exige transformar la frustración en combustible. Cano lo verbalizó en rueda de prensa con una imagen potente: su equipo se identifica con el tejón melero, el “honey badger”. Un animal pequeño, pero feroz. Incómodo. Persistente. Capaz de morder, aunque el entorno sea hostil. Esa metáfora no es casual. Es una declaración de identidad. El domingo será la primera prueba real de esa narrativa.

El rival: talento, carácter… y pólvora emocional

El Hestia Menorca llega tras caer en la prórroga en Santiago ante el segundo clasificado, el Monbus Obradoiro (100-86), en un partido que también ha generado ruido. Mucho ruido.

El equipo de Javier Zamora compitió hasta el límite en Sar, pero el foco posterior se situó en el arbitraje. Thaddus McFadden expresó su malestar en redes sociales tras terminar el encuentro sin lanzar un solo tiro libre. “Cuando te preocupas por tu seguridad, eso es un problema”, escribió el exterior. Zamora, en rueda de prensa, habló de “nivel de contacto absurdo” y llegó a afirmar que en algunas acciones temieron por la integridad de sus jugadores.

La Primera FEB vive semanas de debate en torno al criterio arbitral. Lo sucedido en Palma el miércoles y lo ocurrido en Santiago el día anterior forman parte de un mismo contexto. No es un detalle menor. El ambiente competitivo se carga. Las sensibilidades están a flor de piel. Menorca, como Fibwi, llega con la sensación de haber competido y no haber recibido recompensa.

En lo estrictamente deportivo, el conjunto mahonés es un bloque sólido, con amenaza exterior constante y capacidad para jugar a ritmo alto. McFadden es un generador de puntos y situaciones, un jugador que necesita poco espacio para castigar. Zamora ha construido un equipo con identidad ofensiva clara y mentalidad ambiciosa. Octavos, con 10 victorias y 8 derrotas, están en esa zona cómoda pero ambiciosa. Ganar en Son Moix les permitiría consolidarse en puestos nobles y mirar sin complejos hacia el grupo perseguidor de cabeza.

Una frontera invisible en la clasificación

Fibwi y Hestia comparten algo más que geografía. Comparten posición estratégica. No están en apuros. Tampoco están instalados en la élite de la tabla. Son equipos que viven en esa franja donde cada victoria cambia el discurso. Si el Fibwi gana, igualaría a Menorca y convertiría el 9-10 en un 10-10 con aroma a relanzamiento. La narrativa pasaría del “qué lástima el miércoles” al “qué reacción”. Si pierde, el margen se estrecha y el ruido clasificatorio aumenta. Si Menorca asalta Son Moix, consolidará su candidatura a pelear por algo más que la permanencia holgada. Si cae, se comprimirá el grupo y se diluirá la distancia.

Es febrero, sí. Pero en ligas largas hay partidos que redefinen trayectorias.

Son Moix, otra vez

El factor cancha será determinante. El miércoles, pese a la derrota, el pabellón demostró que está dispuesto a empujar. La reacción ante Fuenlabrada no se explica sin la energía de la grada. Ahora el reto es diferente. No se trata de remontar 18 puntos. Se trata de sostener intensidad desde el salto inicial. De evitar desconexiones tempranas. De no permitir que el rival entre en dinámica cómoda.

El Fibwi necesita cerrar mejor el rebote, controlar el ritmo y encontrar segundas espadas que acompañen el liderazgo ofensivo que mostró Matulionis el miércoles. No se puede vivir de una sola mano caliente. La categoría exige coralidad. Y exige gestión emocional. Porque el partido puede calentarse. Porque ambos equipos llegan con memoria reciente de decisiones polémicas. Porque cualquier técnica, cualquier acción dudosa, puede activar fantasmas. Ahí será clave el tejón melero.

Competir, morder, resistir

La imagen del “honey badger” no es una anécdota simpática. Es una hoja de ruta. Un equipo que no se rinde, que insiste, que incomoda. Que entiende que en Primera FEB nadie regala nada. El domingo no habrá épica previa. No habrá 18 puntos que levantar. Habrá que construir desde el primer cuarto.

Fibwi Mallorca Bàsquet Palma y Hestia Menorca se enfrentan en un partido que no define la temporada, pero sí puede cambiar su dirección. Es el tipo de duelo que separa a los equipos que compiten de los que simplemente juegan.

Tras la furia del miércoles, llega la prueba de madurez. Y en Son Moix, a mediodía, el baloncesto volverá a medir algo más que talento: medirá carácter.

Fotografía cedida por Fibwi Mallorca

Autor: Vicenç Ropero

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