Un nuevo ejército americano busca conquistar Berlín
Fotografía de usab.com
La selección norteamericana afronta en Berlín el desafío de conquistar su quinto Mundial consecutivo con una generación que mezcla leyendas, estrellas consagradas y una nueva camada dispuesta a tomar el relevo
Hay selecciones que llegan a un campeonato con la obligación de competir. Hay otras que llegan con la ilusión de ganar. Y después está Estados Unidos, un equipo para el que cualquier cosa que no sea pelear por el oro parece, directamente, una anomalía. El Mundial FIBA femenino de Berlín, que se disputará entre el 4 y el 13 de septiembre, volverá a colocar a la selección estadounidense en el centro de todas las miradas y lo hará con un reto que explica por sí solo la dimensión de su dominio: Estados Unidos busca su quinto título mundial consecutivo y el duodécimo de su historia.
La selección norteamericana llega a Alemania con una mezcla especialmente interesante. Hay veteranía, experiencia, jugadoras que conocen perfectamente lo que significa vestir la camiseta de Estados Unidos y que ya han ganado Mundiales y Juegos Olímpicos, pero también aparecen nombres que representan el futuro inmediato del baloncesto femenino estadounidense. Paige Bueckers, Caitlin Clark, Aliyah Boston, Rhyne Howard y Angel Reese afrontarán su primer Mundial, mientras que otras como A’ja Wilson, Breanna Stewart, Chelsea Gray, Kahleah Copper o Kelsey Plum vuelven a una competición que conocen perfectamente.
Y ahí está precisamente una de las grandes virtudes de este equipo. Estados Unidos no necesita elegir entre presente y futuro porque tiene talento suficiente para permitirse tener las dos cosas al mismo tiempo.
Un dominio que parece no tener final
Para entender lo que significa este equipo hay que mirar más allá de los nombres. Estados Unidos no ha construido su hegemonía internacional de la noche a la mañana. Lleva décadas convirtiendo la camiseta de las barras y estrellas en una de las grandes referencias del baloncesto mundial y, en el caso del Mundial femenino, llega a Berlín después de haber conquistado cuatro títulos consecutivos.
El último llegó en 2022, precisamente ante China, en una final en la que las estadounidenses volvieron a demostrar por qué llevan tantos años mirando al resto desde lo más alto. Aquel equipo estaba liderado por una A’ja Wilson que terminó siendo elegida MVP del campeonato después de promediar 17,2 puntos y 7,5 rebotes por encuentro. A su lado estaban jugadoras como Stewart o Plum, piezas que vuelven a estar ahora en la convocatoria y que conocen perfectamente el camino que lleva hasta el oro.
Desde entonces, además, Estados Unidos ha añadido otro capítulo a su colección de éxitos con el oro olímpico conquistado en París 2024. Wilson, Stewart, Collier y Young, entre otras, forman parte de ese grupo que sabe lo que significa ganar el gran torneo internacional cuando la presión aprieta y cada posesión pesa como si fuera la última. Por eso el objetivo vuelve a ser el mismo. No hace falta que nadie lo disfrace. Estados Unidos quiere el oro.
Sue Bird entrega el testigo y el equipo mantiene la ambición
La confección de la plantilla ha estado dirigida por Sue Bird, una de las grandes leyendas del baloncesto estadounidense, en su condición de managing director de la selección nacional. La lista definitiva fue posteriormente aprobada por la Junta Directiva de USA Basketball y deja una fotografía muy interesante de hacia dónde camina el baloncesto femenino norteamericano.
Porque si algo llama la atención de esta convocatoria es que el relevo generacional ya no es una promesa. Ha llegado. Aliyah Boston, Paige Bueckers, Caitlin Clark, Rhyne Howard y Angel Reese se estrenan en un Mundial, y Boston, Bueckers, Clark y Reese afrontarán además su primera gran competición internacional absoluta con Estados Unidos. Todas ellas, sin embargo, conocen ya lo que significa ganar con la selección porque varias han conseguido medallas de oro en categorías inferiores.
El salto al primer equipo supone ahora otra historia. Aquí no hay margen para aprender lentamente. Aquí cada partido se juega con la obligación de ganar. En el otro lado aparecen las jugadoras que deberán ejercer de puente entre las distintas generaciones. A’ja Wilson y Breanna Stewart son probablemente los dos nombres que mejor representan la fuerza de este equipo. Entre ambas acumulan seis premios MVP de la WNBA y llegan acompañadas por una colección de talento difícilmente comparable.
La plantilla suma 58 apariciones en el All-Star, 16 títulos de la WNBA y siete premios a Rookie del Año, una barbaridad que sirve para poner en contexto lo que tendrá delante el resto del mundo. Y hay un dato especialmente significativo. Breanna Stewart disputará su cuarto Mundial, entrando así en un grupo reservado a muy pocas jugadoras estadounidenses. Solo Sue Bird, con cinco participaciones, y Diana Taurasi, con cuatro, habían alcanzado antes esa cifra.
El factor Caitlin Clark
Pero si hay un nombre que ha cambiado buena parte de la conversación alrededor de esta selección es Caitlin Clark. Su presencia convierte cada partido de Estados Unidos en un acontecimiento todavía mayor. La base de Indiana llega a su primer gran campeonato internacional absoluto después de haber transformado por completo la atención alrededor del baloncesto femenino estadounidense durante los últimos años.
Clark aporta tiro, capacidad de creación, visión de juego y una personalidad competitiva que no necesita demasiada presentación. Pero quizá lo más interesante será comprobar cómo encaja dentro de una selección en la que el balón pasa por las manos de jugadoras capaces de generar ventajas por sí mismas. No será un equipo construido alrededor de una sola estrella. Y ahí puede estar precisamente el desafío para Clark y para Lawson. Encontrar el equilibrio entre el talento individual y una estructura colectiva en la que Wilson, Stewart, Collier, Plum, Young, Bueckers o la propia Clark puedan desarrollar sus mejores virtudes. Porque Estados Unidos no necesita que una jugadora gane los partidos. Necesita que doce jugadoras hagan imposible que el rival pueda encontrar una solución.
Wilson y Stewart, las dos grandes referencias
Si existe una pareja capaz de condicionar cualquier partido desde posiciones diferentes, esa es la formada por A’ja Wilson y Breanna Stewart. Wilson llega como una de las grandes dominadoras del baloncesto mundial. Su capacidad para anotar, rebotear, defender y ocupar espacios convierte cada partido en un problema permanente para las rivales. Ya fue MVP del Mundial de 2022 y volverá a ser una de las principales referencias ofensivas y defensivas de Estados Unidos.
Stewart aporta otra dimensión. Versatilidad, experiencia, capacidad para jugar lejos del aro y una enorme inteligencia competitiva. Su presencia permite a Estados Unidos modificar estructuras, cambiar emparejamientos y generar problemas en ambos lados de la pista. Alrededor de ellas, el equipo tiene prácticamente de todo. Kelsey Plum y Kahleah Copper aportan puntos y amenaza exterior; Chelsea Gray, experiencia y capacidad para controlar el ritmo; Napheesa Collier y Jackie Young, equilibrio y versatilidad; mientras que jugadoras como Boston, Reese, Howard, Bueckers y Clark introducen esa energía de una generación que llega al escenario internacional con ganas de dejar su propia huella.
Una plantilla con debate incluido
Como sucede prácticamente siempre que Estados Unidos presenta una convocatoria, la lista no ha estado exenta de debate. La ausencia de Sabrina Ionescu ha generado sorpresa y discusión, mientras que Kelsey Mitchell y Olivia Miles tampoco forman parte de las doce elegidas. En estos casos, además, existe un elemento importante que explica parte del proceso: la participación en los training camps forma parte del camino establecido por USA Basketball para las jugadoras que aspiran a entrar en la selección.
La decisión final siempre será discutida porque el problema de Estados Unidos es, precisamente, que tiene demasiadas jugadoras capaces de formar parte de una selección mundialista. Para cualquier otro país, conseguir doce jugadoras de primer nivel sería un privilegio extraordinario. Para Estados Unidos, escoger doce entre una lista de candidatas prácticamente interminable se convierte en uno de los grandes quebraderos de cabeza. Y quizá esa sea la mejor noticia para el baloncesto estadounidense.
Kara Lawson, al frente de la máquina
En el banquillo estará Kara Lawson, entrenadora de Duke y una figura que conoce perfectamente el entorno de USA Basketball y a buena parte de las jugadoras que tendrá bajo sus órdenes. Lawson estará acompañada por Natalie Nakase, Nate Tibbetts y Stephanie White, mientras que José Fernández y Tia Jackson ejercerán como scout coaches. No es un detalle menor. Buena parte de este grupo ya trabajó durante el proceso de clasificación para el Mundial y en los diferentes training camps celebrados durante los últimos meses.
La estructura está pensada para llegar a Berlín con el mayor conocimiento posible de las jugadoras y del contexto competitivo. Y en un torneo corto, donde cada partido puede cambiar el camino hacia el oro, el trabajo que no se ve puede terminar siendo tan importante como las estrellas que aparecen en la pista.
China, Italia y República Checa abren el camino
El Mundial comenzará para Estados Unidos el 4 de septiembre frente a China, precisamente el rival al que derrotó en la final de 2022. Será una primera prueba de nivel para un equipo que no podrá permitirse demasiados minutos de adaptación. Dos días después llegará Italia, y el 7 de septiembre será el turno de República Checa. Estados Unidos parte como favorito evidente de un grupo en el que cualquier tropiezo tendría consecuencias importantes de cara al camino hacia las eliminatorias.
El formato tampoco permitirá demasiados errores. Las primeras clasificadas de cada grupo accederán directamente a los cuartos de final, mientras que el resto de selecciones que continúen con vida tendrán que superar previamente el play-in. Los cuartos se disputarán el 10 de septiembre, las semifinales el día 12 y la gran final, el 13. Diez días para decidir quién manda en el baloncesto femenino mundial.
Berlín espera a las reinas
El Mundial de Berlín llega, además, en un momento especialmente interesante para el baloncesto femenino. La expansión de la WNBA, el crecimiento de sus estrellas y la enorme repercusión que están alcanzando jugadoras como Clark, Wilson, Stewart o Bueckers han elevado el interés alrededor de una competición que tendrá en Alemania uno de sus grandes escaparates. Y Estados Unidos será, inevitablemente, el equipo al que todo el mundo querrá derrotar.
Porque ganar a Estados Unidos en un Mundial ya no es solamente conseguir una victoria. Es derribar una puerta que lleva demasiado tiempo cerrada. El resto de selecciones llegarán a Berlín convencidas de que tienen posibilidades. Estados Unidos lo hará con una mezcla de veteranía y juventud, con jugadoras que ya saben lo que significa subir a lo más alto y otras que están a punto de descubrirlo. Doce jugadoras, cuatro Mundiales consecutivos ganados y una nueva generación llamando a la puerta de la historia. El desafío está servido.
Y el 4 de septiembre, cuando el balón vuele en Berlín ante China, comenzará una nueva batalla por un trono que Estados Unidos lleva demasiado tiempo sin intención alguna de abandonar.
Fotografía de usab.com
Autor Vicenç Ropero

