6874d914-3b90-4215-8eaf-bded6a053d0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1429758

Fotografía de Faro de Vigo

1234T
2122151877
1623191674

Celta Femxa Zorka

77

1234T
2122151877
1623191674

74

Azulmarino Palma

Celta Femxa Zorka

77

-

74

Azulmarino Palma

  • Q1
    21- 16
  • Q2
    22- 23
  • Q3
    15- 19
  • Q4
    18- 16

Navia dictó sentencia. Allí donde el baloncesto se juega con el corazón por delante, el Celta Femxa Zorka firmó una de esas victorias que trascienden el marcador y se convierten en mensaje. El hasta ahora invicto Azulmarino Mallorca Palma, líder incontestable de la Liga Femenina Challenge y acostumbrado a pasearse por la competición desde una supuesta superioridad estructural, encontró su límite en Vigo. Y lo hizo ante un equipo que no necesitó milagros, sino convicción, lectura y una fe defensiva que rozó la excelencia. El azul que manda en Navia no es el de los récords ni el de los nombres ilustres. Es el celeste.

El triunfo por 77-74 no solo rompe una racha de 16 victorias consecutivas del conjunto balear. Igualó la clasificación en lo más alto y, sobre todo, desmontó la narrativa de invencibilidad que acompañaba a un Azulmarino construido para dominar sin discusión. Porque cuando el partido se ensució, cuando hubo que jugar cada posesión como si fuera la última, cuando el público apretó y el marcador dejó de ser cómodo, el Celta estuvo preparado. Su rival, no tanto.

Todo Vigo empujando

Navia fue, desde el salto inicial, un factor determinante. El pabellón respondió como en las grandes ocasiones, consciente de que no se trataba de un partido más. Y esa energía se trasladó a la pista. El equipo de Cristina Cantero entendió desde el primer minuto que sus opciones pasaban por convertir el encuentro en una batalla táctica y emocional, lejos del intercambio alegre que tanto favorece al líder. Defender, pensar y resistir. Ese fue el plan. Y se ejecutó con una disciplina admirable.

No fue un inicio sencillo. El arbitraje marcó pronto un listón irregular que cargó de personales el primer cuarto, desquiciando a ambos equipos. Pero incluso en ese contexto, el Celta supo encontrar una grieta clave: cargar de faltas a Marta García. A los cinco minutos, la interior mallorquina ya sumaba tres personales y se veía obligada a sentarse. Un golpe estratégico que alteró el plan visitante, aunque su sustituta fuera Alba Torrens. Porque sí, el Azulmarino tiene nombres que intimidan. Pero el baloncesto no se gana solo con currículums.

Sin excusas

La ausencia de Carlota obligó a Cantero a reinventarse. Marina Gea asumió la dirección con naturalidad, alternando el uno y el dos junto a Deva Bermejo, en un ejercicio de madurez colectiva que volvió a poner en valor el fondo de armario celeste. El equipo creció con el paso de los minutos y cerró el primer cuarto con un parcial de 7-0 que ya decía mucho de lo que estaba por venir: este Celta no iba a mirar al rival desde abajo.

En el segundo cuarto, las viguesas alcanzaron los once puntos de ventaja. Todo parecía fluir salvo un detalle inquietante: los tiros libres. El desacierto desde la línea fue el único lunar de una primera parte notable y un aviso de que cualquier despiste podía resultar letal ante un rival acostumbrado a castigar sin piedad. Aun así, el temido bache habitual no tuvo consecuencias graves y el Celta se fue al descanso por delante, sosteniendo el pulso emocional del partido.

Había miedo, sí. El recuerdo del encuentro de la primera vuelta, cuando el equipo se diluyó tras el descanso, flotaba en el ambiente. Pero este Celta ya no es aquel. La reanudación lo confirmó. Cabrera y Bermejo devolvieron la renta a los diez puntos y obligaron al Azulmarino a subir líneas, a presionar, a arriesgar. Recuperaron balones, se acercaron en el marcador y encontraron el juego interior con mayor continuidad, aprovechando la ausencia prolongada de Marta García y el físico de Kelliher bajo el aro.

Un partidazo espectacular

El partido entró entonces en una fase de máxima tensión. Cantero apostó por la zona para frenar el poder interior balear y proteger a un equipo que empezaba a notar el desgaste. El objetivo era claro: llegar vivo al último cuarto. Y vaya si lo logró. Empate a 59. Todo por decidir.

El arranque del último periodo fue el peor escenario posible. Presión alta, pérdidas, parcial de 0-8 y el Azulmarino por delante. Por primera vez en todo el partido, el líder mandaba de verdad. Fue entonces cuando Navia rugió. La grada empujó y el equipo respondió. Tres acciones consecutivas devolvieron la ventaja a las locales (67-66) y el partido entró en ese terreno incómodo que tan poco había pisado el conjunto mallorquín durante la temporada.

Ahí se decidió todo. En los detalles. En la experiencia de saber jugar finales apretados. El Celta está curtido en ellos. El Azulmarino, no. Acostumbradas a resolver partidos con antelación, las baleares tomaron decisiones precipitadas, forzaron tiros y dejaron que el encuentro se jugara al ritmo que marcaban las viguesas. La fe movió el motor celeste.

Torrens no es suficiente

Jess Kelliher fue la cara visible de esa resistencia. 21 puntos, 7 rebotes y, sobre todo, sangre fría en el momento decisivo. Metió los dos tiros libres que había que meter para el 77-74, esos que borraron de golpe el 52% acumulado desde la línea. Antes, Alba Torrens había intentado sostener a las suyas con un arreón de once puntos casi consecutivos. No fue suficiente.

El desenlace fue agónico. Triple visitante para ponerse a uno, dobles fallos desde el tiro libre, última posesión defendida como si fuera la vida. Bola punteada, lanzamiento forzado y explosión final. El invicto se quedaba en Navia.

El Celta Femxa Zorka no solo ganó un partido. Ganó respeto. Demostró que el líder también sangra, que el poderío no es eterno y que el baloncesto, cuando se juega de verdad, iguala incluso a los equipos diseñados para no fallar nunca. El Azulmarino sigue arriba, sí, pero ahora sabe que no es intocable. En Navia, el mito cayó. Y el azul que manda, una vez más, fue el celeste.

77 Celta Femxa Zorka (21-22-15-18): Deva Bermejo (10), Uxía Rodríguez (2), Andrea Boquete (1), Diana Cabrera (18) y Jessica Kelliher (21) -quinteto inicial-. También jugaron Marina Gea (5), Martina Vizmanos (8), Iris Vennema (7) y Paula Salinas (5).

74 Azulmarino Palma (16-23-19-16): Carmen Grande (5), María España (11), Iris Junio (1), Adut Bulgak (6) y Marta García (6) -quinteto inicial-. También jugaron Alba Torrens (18), Kika Rakovic, Gedna Capel (10), Jane Asinde (12), Carol Siciliano (5) y Marina Aviñoa.

Árbitros: Alejandro Pellitero y Alberto García. Eliminaron por 5 faltas a Marta García, del Azulmarino.

Incidencias: Partido disputado en el pabellón de Navia ante 1.500 espectadores.

Fotografía de Faro de Vigo

Autor, Vicenç Ropero

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *