El San Pablo Burgos se congela en Fontajau tras un final cruel y un apagón de dos minutos
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Basquet Girona
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Recoletas Salud San Pablo Burgos
Basquet Girona
77
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Recoletas Salud San Pablo Burgos
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Q1
21- 22
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Q2
17- 13
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Q3
19- 17
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Q4
20- 19
El conjunto burgalés deja escapar una victoria que tenía en el bolsillo (66-71) a falta de 150 segundos. Un parcial final de 11-0, liderado por un imparable Otis Livingston, condena a los de Fisac y deja el objetivo de la permanencia en una situación de «alerta roja».
Hay derrotas que se aceptan por la clara superioridad técnica del rival, y hay otras que escuecen en lo más profundo del orgullo porque se sienten como un regalo no deseado. Lo vivido ayer en el pabellón de Fontajau pertenece a la segunda categoría, la más amarga de todas, la que quita el sueño a los aficionados y deja cicatrices psicológicas en el vestuario. El Recoletas Salud San Pablo Burgos cayó ante el Bàsquet Girona en un partido que dominó tácticamente durante 38 minutos, pero que se le escapó entre los dedos en un cierre de partido impropio de la élite.
El equipo de Porfi Fisac regresa a Castilla con la sensación de haber tirado por la borda un trabajo serio y solidario por culpa de un colapso mental inexplicable. Lo que debió ser una victoria balsámica para salir del pozo terminó convirtiéndose en un drama deportivo que complica, y de qué manera, el horizonte de la salvación.
Un inicio esperanzador: Orden frente a la urgencia
El duelo comenzó con un guion que invitaba al optimismo. Lejos de la ansiedad que ha atenazado al San Pablo en sus últimas salidas, el equipo saltó al parqué con una calma tensa pero efectiva. Raul Neto, que ayer recordó por momentos al base dominante de sus mejores años, fue el encargado de llevar la batuta. El brasileño terminó como el máximo anotador visitante con 15 puntos, pero su impacto fue más allá de los números: marcó el ritmo, castigó los bloqueos directos y dio al equipo la pausa necesaria para llevarse el primer asalto (21-22).
La defensa azulona, tan cuestionada en jornadas anteriores, funcionó como un reloj suizo durante la primera mitad. El plan de Fisac pasaba por colapsar la pintura y negar las líneas de pase al perímetro gerundense. Bajo los aros, Jermaine Samuels y Ethan Happ se multiplicaron, capturando rebotes ofensivos que daban segundas oportunidades y permitían al San Pablo mantenerse siempre un paso por delante en el marcador.
Sin embargo, Fontajau es una plaza que respira baloncesto y que nunca capitula antes de tiempo. El Girona, espoleado por su afición, reaccionó en el segundo cuarto subiendo el nivel de contacto físico. Los errores no forzados —ese talón de Aquiles crónico de los burgaleses— permitieron a los locales mantenerse a flote. Un triple inverosímil sobre la bocina de Sergi Martínez envió el partido al descanso con una mínima ventaja local (38-35), dejando todo por decidir en una segunda parte de alto voltaje.
La madurez de Corbalán y el espejismo del 66-71
Tras el paso por vestuarios, el encuentro entró en una fase de «toma y daca» constante. El tercer cuarto fue un ejercicio de resistencia (57-52 al final del periodo), donde cada canasta se celebraba como un título. Pero fue en el último acto cuando el San Pablo Burgos pareció dar el puñetazo definitivo sobre la mesa.
Con una rotación efectiva y un Gonzalo Corbalán incisivo que rompió la defensa local con sus penetraciones, el San Pablo firmó un parcial de 2-12 que cambió el destino del choque. A falta de tan solo 2:43 para el final, el electrónico de Fontajau mostraba un esperanzador 66-71. El Girona parecía noqueado, sin ideas ofensivas y con sus referentes sentados por faltas o cansancio. La victoria estaba allí, a solo tres o cuatro posesiones de distancia.
Anatomía de un colapso: 11-0 y el factor Livingston
Y entonces, ocurrió lo impensable. El San Pablo Burgos entró en un estado de parálisis absoluta. Los sistemas de Fisac dejaron de fluir, el balón dejó de circular y el aro gerundense pareció cerrarse con un candado invisible. En los últimos dos minutos y medio, el equipo castellano no fue capaz de anotar ni un solo punto.
El Girona, que olió la sangre y el miedo en el rostro de los burgaleses, se encomendó a la magia de Otis Livingston. El base norteamericano se vistió de héroe y, con una exhibición de talento individual, dinamitó el partido. Primero con dos suspensiones de media distancia que recortaron la diferencia, y después, tras un error crítico de Ethan Happ bajo el aro que pudo ser la sentencia, Livingston clavó un triple frontal que puso el 75-71 y desató la locura en las gradas.
El San Pablo, preso de los nervios, buscó el milagro de forma atropellada. Jhivvan Jackson, que no tuvo su día en el tiro exterior (terminando con porcentajes muy pobres), erró un triple forzado que habría dado vida al equipo. Las pérdidas de balón en los segundos finales solo sirvieron para certificar un parcial demoledor de 11-0 que dejaba el marcador en el definitivo 77-71.
Un futuro sin margen de error
El resultado es un castigo excesivo por lo visto durante 38 minutos, pero es un recordatorio cruel de que en la Liga Endesa no se perdona la falta de instinto asesino. El San Pablo Burgos tuvo al rival en la lona y no supo rematarlo.
Las consecuencias clasificatorias son preocupantes. Con esta derrota, la permanencia se aleja un paso más y la presión sobre el banquillo y la plantilla aumenta exponencialmente. El margen de error es ya prácticamente inexistente; los próximos compromisos en el Coliseum serán finales a vida o muerte. Si el equipo no aprende a gestionar los «minutos calientes», el sueño de seguir en la élite se convertirá en una pesadilla difícil de despertar.
77 – Bàsquet Girona (21+17+19+20): Livingston II (19), Needham (10), Martínez (11), Susinskas (7), Geben (7) -cinco inicial-; Busquets (4), Hughes (6), Maric (7), Fernández (2), Vilodza (4) y Ferrando (-).
71 – Recoletas Salud San Pablo Burgos (22+13+17+19): Gudmundsson (6), Jackson (7), Meindl (6), Samuels Jr (9), Happ (6) -cinco inicial-; Neto (15), Corbalán (8), Fischer (6), Almazán (3), Rubio (5), Lima (-) y Nzoza (-).
Árbitros: Pérez Pizarro, Sánchez Sixto y Alcaraz. Sin eliminados.
Autor: Diego Rodríguez
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