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Imagen Web del Dreamland Gran Canaria

El Dreamland Gran Canaria recibe en casa este sábado, a las 19.00 H.C., al Hiopos Lleida, equipo que nos trae de vuelta a uno de los emblemas de los claretianos de los últimos años.

Si me preguntan sobre el partido que tiene el Granca este sábado en casa, sólo puedo decir que el resultado es lo menos importante. No porque no necesitemos victorias como el comer para salir de la mala dinámica en la que ha entrado el conjunto de Jaka Lakovic. No porque el juego del equipo esté siendo soporífero y sin sentido alguno. No porque la afición esté más que enojada con la plantilla, el cuerpo técnico, el cuerpo directivo y, si me apuran un pizco, hasta con el “mopero”.

La realidad es que es un partido muy importante pero no por todos los motivos anteriores sino porque regresa a casa un emblema de lo que ha sido este Club, vuelve nuestro padre “John Shurna”. Nuestro padre, y cada día el demás gente, arribó en Gran Canaria en la temporada 2019-2020 sin hacer bulla, tranquilo como lo es él. Este fue lo que llamamos un fichaje “tapado”, parecía que no pero sí. John se convirtió rápidamente en un claro representante de la afición claretiana y de los valores de este Club. Un tipo que siempre tiene una sonrisa para quien se le acerca, que no puede ser más amable porque eso sería imposible, con un compromiso y una entrega difíciles de igualar. Un hombre que se sacrificaba cuando era necesario y jamás tuvo una mala palabra para nadie.

Patrón de los tiros imposibles

En lo deportivo, nuestro queridísimo y amado John Shurna era otro nivel. Su singular estilo a la hora de tirar triples añadió más cariño si se puede, a una figura emblemática. Eso le valió el título de “Padre John, Patrón de los tiros imposibles” y seamos serios, todos tenemos una estampita de nuestro santo particular. Este jugador batalló por el Granca hasta el último segundo y tuvo que digerir su despedida rápido y sin mucho tiempo para asimilarlo, nadie se esperaba esa decisión por parte del Club y pilló a todos los aficionados a contrapié. 

John Shurna fue ese señor que el COVID lo dejó con una neumonía bilateral con muchas complicaciones. Su recuperación fue larga y tortuosa, verlo subir las escaleras del Gran Canaria Arena y quedarse sin aire, levantó muchas dudas sobre su posible vuelta al ruedo. La realidad fue que, Padre John que todo lo puede, volvió a la cancha mejor que nunca, como si no le hubiera pasado nada. Ese mismo jugador fue quien, a pesar de sufrir graves problemas de espalda, luchó en la final de Eurocup de la que salimos más que victoriosos, convirtiéndose en el MVP del partido. Shurna demostró una y otra vez que no estaba en esta isla de vacaciones, estaba aquí para trabajar y lograr objetivos. Supo entender a esta isla, a sus gentes, su idiosincrasia y la convirtió en su filosofía. Hizo de Gran Canaria su hogar y de nosotros, sus fieles adeptos.

Si hay una frase que cualquier aficionado del Granca ha repetido hasta la saciedad es que “quiere que la vida le sonría como sonríe John Shurna a la vida”. El de Chicago nos ha enseñado que, nada en esta vida es tan malo que no pueda afrontarse con una sonrisa. Su nivel de compromiso y lealtad traspasó los corazones de toda la marea amarilla. Siempre fue un líder silencioso, de ese tipo de personas que quieres achuchar porque valen la pena, llevártelo a casa y hacerlo feliz por siempre. 

Lo que John se merece

No me gustaron las maneras en las que tuvo que dejar este Club pero, si el propio John lo entendió como parte del negocio del baloncesto, no seré yo quien diga lo contrario y lance piedras contra las propias creencias del jugador. Ahora bien, todo lo que no sea pisar el Gran Canaria Arena este fin de semana y darle una ovación cerrada y duradera a Padre John, me parecerá indecente. Es más, diría que más que ponernos en pie, deberíamos arrodillarnos para alabar y reconocer a nuestro “Padre” como se merece. No me bastará sólo con el típico reconocimiento de “oye, que este tipo jugó aquí 6 años y la friolera de 283 partidos”. John Shurna se merece algo más. 

Llegados a este punto, permítanme que insista, el partido es lo menos importante porque John Shurna vuelve a casa y es hora de que sus fieles le agradezcamos su entrega con la misma devoción que él lo hizo. Pase lo que pase, no habrá seguidor claretiano que no siga profesando su fe hacia él, porque siempre será nuestro Padre y cada día, el de más gente.

Autor: Dyrma Herrera

Foto: Página Web del Dreamland Gran Canaria.

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