febrero 13, 2026
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Foto: X (Twitter) Hiopos Lleida

El calendario no entiende de lamentos. Tras dos derrotas consecutivas, el Hiopos Lleida regresa al Barris Nord con una idea clara: recuperar su esencia. No se trata solo de ganar, sino de volver a reconocerse. Enfrente, un Bàsquet Girona que aterriza en Lleida en uno de sus mejores momentos del curso, décimo con balance 9-10 y con tres victorias en los últimos cuatro partidos.

Duodécimo (8-11), el equipo de Gerard Encuentra necesita reencontrarse con esa versión que incomoda, que aprieta, que desgasta. Y el técnico lo resumió con una frase que no admite interpretación:
 “Dependemos de nuestro nivel defensivo”.

No es retórica. Antes del último encuentro, el Lleida era la séptima mejor defensa en eficiencia de la Liga Endesa. El problema no es el sistema. Es la continuidad. Y, además, la verdad es que cuando el equipo pierde ese punto de agresividad atrás, todo se vuelve más frágil.

Identidad y urgencia

Los números explican el contexto. El Lleida anota 81,6 puntos por partido y encaja 87,3. Cuando el ritmo se descontrola, sufre. Cuando logra bajar pulsaciones y proteger el rebote defensivo (26 capturas por partido), compite de verdad. No es casualidad. Es estructura.

Encuentra fue concreto en las áreas de mejora: uno contra uno, presión al balón y transición defensiva. Tres fundamentos. Tres pilares. Tres fronteras que este domingo no pueden resquebrajarse.

Porque el Girona propone exactamente lo contrario: velocidad, volumen y segundas oportunidades. Y si el partido se convierte en ida y vuelta constante, el riesgo crece.

El conjunto gerundense promedia 86,7 puntos, lanza más (67 tiros de campo por partido) y genera 18,4 asistencias. Es un equipo que juega en campo abierto y que no duda en cargar el rebote ofensivo (11,3 por partido), una de las claves que ya castigó al Lleida en la primera vuelta (103-86).

Además, aunque ambos equipos presentan porcentajes similares desde el triple (en torno al 33%), el Girona vive más del volumen que de la precisión. Tira más. Corre más. Arriesga más. Y cuando ese guión sale bien, resulta difícil de frenar. Y es que, en el fondo, el partido será una cuestión de ritmo: quién impone su música.

Hay un dato incómodo: el Bàsquet Girona ha ganado los tres enfrentamientos directos en Liga Endesa. No es una losa psicológica, pero sí una referencia competitiva. En todos ellos el patrón fue parecido: ritmo alto, dominio del rebote ofensivo visitante y momentos de desconexión defensiva local. El Barris Nord no olvida. Y tampoco perdona la falta de intensidad.

En clave leridana, el nombre propio vuelve a ser James Batemon. Líder en puntos (16,3) y valoración (15,6), su capacidad para generar ventajas será fundamental. Cuando él encuentra continuidad, el equipo respira. Cuando se ve obligado a forzar, el ataque pierde fluidez.

Junto a él, el trabajo silencioso de Melvin Ejim en el rebote (5,5 por partido) será determinante para cerrar segundas oportunidades. Porque cada rebote ofensivo concedido al Girona es una pequeña grieta.

En el lado visitante, el faro es Omar Livingston, máximo referente en valoración (12,5), puntos (12,1) y asistencias (4,8). Genera, decide y marca el tempo. Si el partido entra en intercambio constante, su influencia crecerá.

El guión está claro, si el partido supera los 85 puntos, el escenario favorece al Girona, sí el Lleida consigue bajar el ritmo, cerrar el rebote y minimizar pérdidas (15,2 de media), el equilibrio cambia. La defensa del triple y el balance defensivo serán territorios decisivos. No es una cuestión estética. Es estratégica. Y, además, es una cuestión de orgullo competitivo. 

El factor Barris Nord

Encuentra habló de “presión positiva”. Jugar en casa no es un peso, es una energía. El Barris Nord ha demostrado que puede inclinar partidos cuando el equipo conecta con la grada desde la defensa, cuando cada recuperación se celebra como un triple y cada cierre de rebote se aplaude como una canasta.

El Girona llega en forma, con confianza y sin complejos. Pero el Lleida juega algo más que una victoria: juega a recuperar su versión más fiable. Volver a sentirse sólido. Volver a imponer respeto. En una clasificación comprimida, donde una victoria te acerca a la zona media y una derrota te arrastra hacia abajo, el margen de error es mínimo. No es una final. Pero sí un termómetro emocional y competitivo. El Hiopos Lleida necesita volver a ser incómodo. Volver a cerrar puertas. Volver a defender como declaración de principios. Porque hay partidos que suman en la tabla. Y otros que reconstruyen la identidad. El domingo puede ser ambas cosas.

Autor: José Manuel Gómez  – Foto: X (Twitter) Hiopos Lleida

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