Movistar Estudiantes y 1200 kilómetros de terror

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Estómagos llenos, gargantas vacías, y corazones dañados por cuarta vez. Una cuarta película que va dejando sin ideas a los guionistas del Movistar Estudiantes en la saga de los infiernos. Faltarán palabras, al igual que sobrarán otras, pero dejen a este humilde servidor que muestre un poquito de su corazón débil por este equipo.

Una pesadilla más para los colegiales, esta vez con el Leyma Coruña de protagonista, que hizo de Leyma Coruña. El Estu tiró al traste una ventaja de 15 puntos en los últimos cinco minutos de la final, sumando una prórroga que se decidió desde el inicio. Les invito a que lean hasta el final.

Primer movimiento: lo deportivo (I)

Con el formato que nos dejó el gran Robe allá donde esté (ahora mismo en mis auriculares), vamos a desgranar todo lo que ha tenido esta Final Four. Por acabar con ello cuanto antes, lo estrictamente deportivo dejó como siempre mucho que tratar. La pelota naranja botó y botó (y cuando dejó de hacerlo parecía no haber infracción en algunos casos para los colegiados), y el resultado no fue el esperado, pero en esta larga vida los números definen nuestro camino.

Alimerka Oviedo fue el rival en semifinales. Llenos de orgullo tanto jugadores como afición, provocaron un temprano ataque al corazón al Estudiantes, con un parcial de inicio tremendo. Los asturianos penetraban sin oposición, tampoco la tenían desde fuera, y colocaron un 5-17 que podía augurar un mal final colegial.

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Sergi García y Granger se pusieron manos a la obra y encarrilaron el encuentro para el Movistar Estudiantes. Tras el susto inicial, la afición empezó a celebrar y sonreír con los triples del uruguayo y la dirección tanto suya como de Sergi. Los colegiales mantuvieron una ventaja de 10 puntos ante un Oviedo que seguía intentándolo.

La victoria parecía acercarse, salvo por un pequeño apunte, los carbayones se acercaron a tres. Ante esto, el Estu supo reaccionar y subió el nivel en defensa para contrarrestarlo con triples en su ataque. Los de Javi Rodríguez se quedaron sin tiempo, y los soldados de Toni Ten se plantaron en la final con el definitivo 79-71.

Segundo movimiento: lo deportivo (II)

Qué decir, enfrentarse a recordar la final en lo estrictamente deportivo tan solo un día después es difícil. Barton entraba por Asier González en la convocatoria, y a Ten le salió el tiro por la culata con la posterior lesión de Nwogbo. El Coliseum vestido de gala, y 10 jugadores sobre el parqué nerviosos como nunca.

Costó abrir el marcador, lo hizo el Movistar Estudiantes con un tiro libre, que respondió Coruña con un triple. Las redes no se movían, los cuerpos en cambio sí, con defensas asfixiantes de ambos. Los anfitriones mandaban en el marcador, aunque los colegiales no parecían incomodos, 6-12 al término del primer cuarto, mucho por explotar.

La chispa prendió, los de Carles Marco sostenían su ventaja ante un Estudiantes que comenzaba a carburar. Al igual que en la semifinal, el ecuador del segundo cuarto puso por delante a los del Ramiro. Silverio estaba encendido, mientras que los de naranja se repartían sus triples. El final pudo ser más igualado con un empate, pero dos puntos de desventaja para los colegiales no estaban nada mal.

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Llegó el momento de volar, el Movistar Estudiantes puso la directa. Granger y Silverio llevaban la voz cantante, Nwogbo, Garino o Giovannetti aportaban su granito, y el resultado de 65-57 para la batalla final comenzaba a ilusionar. Niang colgándose y Garino desde la esquina lo aumentaban a 11, Lotanna con dos libres y Silverio con un triple a 15.

No pasó mucho más, borrada mental, y por lo tanto defensiva y ofensiva, del Estu. Coruña remontó, Granger y Silverio perdieron balones clave, y Jorgensen de nuevo fue verdugo. Caio Pacheco empató a 80, Jay tuvo su triple como no podía ser de otra manera, lo falló, y los coruñeses no pudieron tirar en sus 15 segundos.

Una prórroga para olvidar, 0-8 de salida de un Coruña que seguía crecido. Sergi García y Silverio consiguieron acercar a su equipo a dos puntos, pero Pacheco sacó un 2+1 que dejó sin opciones al Movistar Estudiantes. Final con una bandeja de Silverio para cerrar su gran final con 30 puntos, pero las manos vacías con el 97-100 definitivo.

Tercer movimiento: cuatro aficiones en una ciudad

No hay nada más bonito que respirar baloncesto, y encontrar a gente que hace lo mismo, además, en un escenario inmejorable, A Coruña, ciudad preciosa mire por donde se mire. Subir al Monte de San Pedro, ir hasta la Torre de Hércules, pasear por Riazor y Orzán, andar por sus pequeñas calles del centro, por la calle de los vinos, por el puerto y su estética, y siempre algo en común. Ver los colores de tu equipo o los de otro y pararte por 30 segundos que fueran a compartir pasión.

Coruña, Palencia, Oviedo y Estudiantes reunidos, cada uno en su semifinal. Servidor aprovechó el ir de aficionado ante la negativa a la acreditación solicitada, y la verdad que volver a vivir el baloncesto así fue especial. Como neutral en la primera semifinal era mágico el ambiente local, y por supuesto de la tremenda afición palentina, que no defraudó.

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Sin embargo, llegaba el momento Estudiantes. El momento de calentar las gargantas y entrar al asador de pollos, es decir, el conglomerado de Demencia y aficionados en la grada baja del Coliseum. La fusión entre los jóvenes dementes y aquellos que vivieron los años mágicos del club se palpaba, todos unidos a una voz, porque es nuestro mejor instrumento.

La semifinal fue solo un pequeño aviso de lo que se iba a ver en la final. Servidor se plantó en el eje central de la animación, y estar dentro del tifo previo al comienzo del último partido del año no fue otra cosa que emocionante. Con la ilusión de un niño chico la garganta se desgastó en la primera parte, en una macedonia de emociones vibrantes.

Tan cerca, la euforia se desató entre todos los que nos mirábamos como quien mira a su familia, porque lo es, nos vemos cada fin de semana ya sea en Magariños o en Goya. Y tan lejos, ver como la ventaja se reducía, la afición naranja apretaba, y los dementes seguíamos buscando un resquicio de voz.

No hubo final feliz, eso ya lo saben, pero en lo deportivo. Porque en lo personal se completó un fin de semana de órdago, con unos cuantos (y no pocos) locos que subieron desde Madrid a Coruña a seguir demostrando que lo más grande del Estudiantes es su afición.

Cuarto movimiento: el final de otra película

La saga continúa, una saga mala pero a la vez entretenida en la querida LEB Oro, porque siempre lo será así. En septiembre comienza una nueva película, la sexta ya, pero ahora hay que quedarse con la terminada. De nuevo el director tuvo que ampliar el plazo de grabación hasta junio, y de nuevo tenía preparado un final amargo.

Sin embargo, esta película nos ha dejado un elenco de actores maravillosos, y ya tendrán su repaso individual. Por el momento solo nos podemos quedar con el final del partido, por muy doloroso que sea. Por primera vez en estos cinco años se ha visto a un conjunto dolido, tanto entrenadores como jugadores. Porque había gente de la casa, que lleva azul en la sangre, y gente que ha comprendido al fin lo que es el escudo que muchas veces nos quieren arrebatar.

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Las lagrimas desconsoladas de Giovannetti y Hugo, la desolación de Granger y Sergi García, las caras largar de Stumbris o Garino, y sobre todo, el cuerpo técnico. Toni Ten siente al Estu como el que más, no pudo pedir más perdón, a su lado un Sergio Jiménez que no pudo contener su emoción, y sin duda ver a Manuel Gil (nuestro Manolo) llorando sin parar, fue el golpe definitivo, sin olvidar a Fito, otro hombre que solo tiene azul en su cuerpo.

Con esto llega el final de la 25/26, otro año como una montaña rusa, quizás el que más. El año que más cerca se ha estado, y el que más desilusión ha generado a la vez, pero solo se puede cerrar con lo visto a la salida del Estudiantes del pabellón. Una afición entregada, fundida entre aplausos y lágrimas, y una plantilla que respondió de la mejor manera. No hay nada mejor que nos resuma:

“Ir con los que ganan es muy fácil, ser del Estudiantes nos parece mejor”

Autor: Rubén Moncayo

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