Álex Formento para liderar la reconstrucción
Fibwi Mallorca Palma
El técnico catalán, pieza clave en el crecimiento del Bàsquet Girona y con experiencia en la ACB, México y el baloncesto internacional, dirigirá al Fibwi Mallorca Palma en una temporada que debe marcar el inicio de una nueva etapa para el club mallorquín.
Hay regresos que tienen un significado especial
Quizá porque llegan después de una batalla. Quizá porque obligan a valorar cosas que antes parecían rutinarias. O quizá porque, simplemente, nos recuerdan lo importante que es poder volver a hacer aquello que nos apasiona.
Después de varios meses alejado de las teclas, hoy vuelvo a escribir sobre baloncesto.
Han sido meses complicados. Una arritmia me obligó a detenerme cuando menos lo esperaba, a bajar revoluciones y a centrarme en algo mucho más importante que cualquier resultado deportivo. Por suerte, la historia ha tenido un final feliz. Hace apenas unos días recibí la noticia que llevaba tiempo esperando: el problema está resuelto y puedo volver a mirar hacia adelante con tranquilidad.
Y casi parece una bonita casualidad que este regreso coincida con el inicio de una nueva etapa para el Fibwi Mallorca Palma. Porque el conjunto mallorquín ya tiene entrenador para la temporada 2026-27.
Y el elegido es Álex Formento
Un nombre que quizá no ocupe habitualmente grandes titulares en el panorama nacional, pero que detrás esconde una trayectoria tan rica como singular. Una carrera construida desde múltiples perspectivas y que le ha permitido conocer prácticamente todos los rincones del baloncesto profesional.
Una circunstancia que puede resultar especialmente valiosa para un club que afronta un verano decisivo. Porque el Fibwi Mallorca Palma inicia un nuevo proyecto, sí, pero también algo más profundo: una reconstrucción. Y para entenderlo hay que mirar atrás. La temporada recién finalizada fue una de las más difíciles que se recuerdan en el baloncesto mallorquín reciente. Hubo momentos de incertidumbre. Momentos de dudas. Momentos en los que la permanencia parecía escaparse entre los dedos.
La Primera FEB se ha convertido en una competición feroz. Cada temporada aparecen clubes con mayores presupuestos, estructuras más profesionalizadas y plantillas confeccionadas para aspirar a cotas muy altas. Sobrevivir en una liga así no es sencillo. Por eso quizá haya llegado el momento de reivindicar algo que a menudo pasa desapercibido.
Mantener la categoría también tiene mérito
Mucho mérito. Porque permanecer significa resistir. Significa competir cuando las cosas se ponen difíciles. Significa levantarse después de cada golpe. Y el Fibwi lo hizo. Sufrió. Luchó. Se equivocó. Aprendió. Y acabó consiguiendo el objetivo más importante de todos: seguir perteneciendo a una de las categorías más exigentes del baloncesto español. Ahora toca mirar hacia adelante. Y ahí aparece la figura de Álex Formento. A sus espaldas hay una trayectoria poco convencional que explica perfectamente por qué el club ha apostado por él.
Antes de sentarse en los banquillos fue jugador durante casi dos décadas. Conoció las categorías FEB desde dentro, compitió en numerosos proyectos y acumuló una experiencia que más tarde resultaría fundamental para entender el juego desde una perspectiva global. Cuando decidió poner fin a su carrera deportiva inició una nueva etapa ligada a la representación de jugadores mientras continuaba formándose como entrenador. Aquellos años le permitieron comprender una parte del baloncesto que muchos técnicos nunca llegan a conocer. La construcción de plantillas. La gestión de carreras deportivas. La importancia del factor humano. La complejidad que existe detrás de cada decisión. Todo ello acabaría convirtiéndose en una herramienta valiosísima para su crecimiento profesional. Pero el gran punto de inflexión de su carrera llegaría junto a un viejo amigo.
Marc Gasol
Cuando el campeón del mundo decidió impulsar un nuevo proyecto en Girona, Formento fue una de las personas elegidas para ayudar a construirlo. Y lo hizo prácticamente desde los cimientos. Su vinculación con el Bàsquet Girona fue mucho más allá de la de un entrenador convencional. Participó activamente en el desarrollo de la estructura deportiva de una entidad que comenzaba prácticamente desde cero y que acabaría convirtiéndose en una de las historias más inspiradoras del baloncesto español reciente.
Lo que hoy es el Bàsquet Girona no se entiende sin el trabajo realizado por muchas personas durante años. Y entre ellas aparece el nombre de Álex Formento. Fue director deportivo. Fue entrenador. Fue una pieza importante dentro del engranaje que permitió al club crecer categoría tras categoría hasta alcanzar la élite. Pocos entrenadores pueden presumir de haber participado tan directamente en la construcción de un proyecto desde sus inicios. Y probablemente ahí reside una de sus grandes fortalezas. Sabe construir. Sabe identificar prioridades. Sabe diferenciar entre la ambición y la precipitación. Sabe que los proyectos sólidos no se levantan en una sola temporada.
Tras su etapa en Girona continuó ampliando experiencias. Pasó por México, donde siguió creciendo profesionalmente en un contexto muy diferente al europeo y donde pudo conocer nuevas formas de entender el juego y la gestión deportiva. Posteriormente se incorporó a la estructura de Baskonia, uno de los clubes más importantes del continente. Trabajar dentro de una organización acostumbrada a competir en Euroliga supone una escuela permanente para cualquier entrenador. La exigencia es máxima. Cada detalle importa. Cada entrenamiento cuenta. Formento absorbió todo ese conocimiento antes de seguir ampliando horizontes internacionales.
Su última experiencia junto a Carles Durán en Turquía volvió a demostrar una característica que quienes le conocen destacan constantemente: su capacidad de adaptación. Adaptarse a diferentes ligas. Adaptarse a diferentes culturas. Adaptarse a diferentes presupuestos. Adaptarse a diferentes objetivos. Una cualidad que encaja perfectamente con las palabras utilizadas por el presidente del club para describirlo. Porque más allá de sistemas tácticos o modelos de juego, el Fibwi buscaba a alguien que entendiera perfectamente quién es el club y hacia dónde quiere caminar. Alguien consciente de los recursos disponibles. Alguien capaz de construir una identidad reconocible. Alguien dispuesto a crecer junto al proyecto.
Y todo apunta a que han encontrado precisamente ese perfil. El verano apenas ha comenzado. Todavía faltan fichajes. Todavía faltan renovaciones. Todavía faltan movimientos que terminarán de definir la plantilla. Pero la primera gran decisión deportiva ya está tomada. Y no parece una decisión cualquiera. La llegada de Álex Formento transmite una idea muy concreta. La de un club que no busca atajos. La de una entidad que quiere consolidarse. La de un proyecto que ha aprendido del sufrimiento vivido durante los últimos meses y que pretende convertir aquellas dificultades en un punto de partida. Porque después de sobrevivir llega el momento de crecer.
Y para liderar ese camino, el Fibwi Mallorca Palma ya tiene entrenador. Ya tiene la persona encargada de dirigir una nueva etapa. Una etapa que, como todas las que merecen la pena, comenzará desde el trabajo, la paciencia y la convicción. Álex Formento ya está en Son Moix. Ahora empieza el verdadero partido.
Fotografía cedida por Fibwi Mallorca
Artículo: Vicenç Ropero

