A por el bote
Tras arrollar a Australia, España encara el fin de semana definitivo de este Mundial de Alemania sin nada que perder; la todopoderosa selección de Estados Unidos parece un escollo demasiado complicado, pero si se hacen las cosas bien, cualquier cosa es posible y al menos la pelea por el bronce está garantizada.
No Spain, no gain
Clasificarse como primera de grupo conducía directamente a chocar con Estados Unidos en semifinales. El teórico coco del torneo -aunque personalmente mi apuesta para hacerse con el oro es Francia-; llegan las americanas invictas, con una plantilla de quilates y tras arrasar a casi todos los rivales; no a todos, porque Italia demostró que se les puede competir. En cuanto a talento, las transalpinas están muy lejos de nuestras jugadoras, pero tienen un carácter y una actitud defensiva que España debería adoptar para poder hacer frente a este desafío.
Tenemos el referente cercano del duelo disputado en el Premundial. Allí, estuvimos cerca pero no tuvimos opciones reales de ganar. A las americanas les basta una mínima desconcentración del rival para encadenar una serie de acciones que abren distancia en el marcador. Son más grandes, más fuertes, más rápidas, meten más manos en defensa para ahogar el ataque rival… Crees que están ahí y de repente ya no las ves.
Pueden presumir de plantilla, con nombres como Paige Bueckers, Kahleah Cooper, Brianna Stewart, Angel Reese, Chelsea Gray… y el fenómeno mediático-sociológico-deportivo de Caitlin Clark. Pueden presumir de triunfos rotundos: +33 ante China, +41 ante República Checa, +52 ante Hungría en cuartos. Meten más puntos que nosotras, cogen más rebotes, reparten más asistencias, pierden menos balones… pero nos tienen que ganar. No únicamente para clasificarse para la final, sino también porque España es el primer rival al que se enfrentan que puede estar a su nivel; han ganado tan fácil que es sencillo repartir minutos, ahora pueden empezar las batallas de egos. Tenemos argumentos ofensivos para hacerles frente y la clave estará atrás: dificultar su juego, apretarles, aguantar todo lo posible cerca en el marcador y que los nervios les lleguen. Para ellas ganar a España es una obligación, para nosotras, derrotarlas, sería poco menos que un milagro, pero al mismo tiempo les estaríamos haciendo un favor ahorrándoles la humillación de perder la final con Francia.
Make Spain Great Again
Rima y juega feliz, decía el eslogan publicitario de los ochenta; este antetítulo rima y nos haría inmensamente felices, así que adoptémoslo. Porque para MAGA así en mayúsculas ya está Iyana. ¿Que son mejores que nosotras?, ¿que nos van a ganar? pues probablemente, pero si hemos llegado hasta aquí, no vamos a entregar el partido antes de jugarlo; ni es el estilo de Miguel Méndez ni veo a jugadoras ganadoras rindiéndose. Tenemos nuestros argumentos, necesitamos estar acertadas en el triple, ser solidarias atrás, jugarles duro -oh, Laura Nicholls, ilumínanos-, plantear defensas alternativas que cortocircuiten su juego… Italia es el ejemplo atrás, en ataque podemos ser nosotras mismas.
Con la duda de la acatarrada Elena Buenavida que no pudo jugar ante Australia y la certitud que debemos hacer un partido perfecto, llegamos al encuentro definitivo con una Iyana que pelea por estar en el quinteto ideal -¿hay una base mejor en los cuatro semifinalistas?-, con jugadoras acostumbradas al nivel físico y de ritmo de la WNBA -Megan, Conde-, con jugadoras veteranas -Alba, Mariona- que deben aportar serenidad y con jugadoras jóvenes como Awa o Alicia que tienen que demostrar su hambre de hacer algo grande. Pueyo, Ginzo, Raquel, Cazorla, todas tienen que tener su día: el premio no es la final, ni la medalla, el verdadero premio es sentirse tan grandes como lo son en realidad.
Autor: Alex Andreu
Foto de: FEB

