septiembre 14, 2026
Estados Unidos vuelve a reinar cuando más importa

Fotografía de FIBA

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EEUU1726302497
FRA2025122279

Estados Unidos

97

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79

Francia

Estados Unidos

97

-

79

Francia

  • Q1
    17- 20
  • Q2
    26- 25
  • Q3
    30- 12
  • Q4
    24- 22

Francia puso contra las cuerdas al campeón, pero Stewart y Young lideraron una reacción imparable para conquistar el duodécimo Mundial de Estados Unidos

Hay equipos que ganan campeonatos. Y después está Estados Unidos. Una selección que parece haber convertido la victoria en una obligación y que, incluso cuando el partido se tuerce, encuentra la manera de regresar al lugar que considera propio. Francia llegó a tener al campeón contra las cuerdas, llegó a mandar por 14 puntos y durante muchos minutos hizo pensar que aquella noche podía ser diferente. Que quizá había llegado el momento de cambiar la historia.

No lo fue.

Estados Unidos derrotó a Francia por 97-79 y volvió a proclamarse campeona del mundo. Es su duodécimo título, el quinto consecutivo y la confirmación de una hegemonía que parece no encontrar fecha de caducidad. El marcador final habla de 18 puntos de diferencia, pero cuenta solo una parte de la historia. Porque durante mucho tiempo el partido perteneció a Francia. Y quizá por eso este oro tenga todavía más valor.

Francia se atrevió a desafiar al gigante

Francia salió a la pista sin ningún complejo. Sabía que para derrotar a Estados Unidos necesitaba algo más que talento: necesitaba creer que podía hacerlo. Y creyó. El equipo francés tomó el control del encuentro y llegó a colocarse 14 puntos por delante al comienzo del segundo cuarto. Estados Unidos estaba incómodo, obligado a perseguir un partido que no estaba jugando a su manera y ante una defensa francesa que estaba consiguiendo convertir cada posesión en una pequeña batalla.

Pero el campeón tiene memoria. Poco a poco, Estados Unidos comenzó a recuperar terreno. Y cuando parecía que Francia podía marcharse al descanso con una ventaja considerable, apareció Caitlin Clark para clavar un triple sobre la bocina que dejó el marcador en 45-43. Dos puntos. Solo dos.

La menor ventaja registrada al descanso en una final mundialista. Pero también un aviso. El partido había cambiado de dirección.

Entonces apareció Stewart

Después del descanso ya no hubo la misma historia. Estados Unidos salió con otra velocidad, otra energía y otra determinación. Francia había conseguido resistir durante veinte minutos, pero el campeón comenzó a encontrar espacios, a correr y a mover el balón con una fluidez que terminó desarmando la defensa francesa. 26 puntos en el segundo cuarto y 30 en el tercero.

La final comenzó a escaparse. Y en el centro de todo apareció, una vez más, Breanna Stewart. La ala-pívot terminó con 22 puntos, 10 rebotes y 30 de valoración, firmando otro de esos partidos en los que su influencia va mucho más allá de las estadísticas. Stewart fue presencia interior, amenaza exterior, rebote, liderazgo y, sobre todo, tranquilidad cuando el partido exigía precisamente eso.

El premio TISSOT a la MVP del torneo puso nombre a una realidad que llevaba años construyéndose: Stewart se convirtió en la primera jugadora en conseguir ese reconocimiento en cuatro Mundiales diferentes. Pero probablemente lo más importante no estaba en el trofeo. Estaba en lo que significa para sus compañeras.

«Nosotras somos el estándar»

Después del partido, Stewart explicó la mentalidad con la que Estados Unidos afronta estos escenarios. «Nosotras somos el estándar», resumió. No es una frase cualquiera. Es prácticamente una declaración de intenciones.

Stewart ha ganado antes. Ha perdido también. Ha vivido los partidos en los que todo sale bien y aquellos en los que hay que «sacarlo del barro», como explicó después Caitlin Clark. Y precisamente por eso sabe algo que las jugadoras más jóvenes todavía están empezando a descubrir: los grandes campeonatos no se ganan porque todo vaya bien, sino porque sabes qué hacer cuando deja de hacerlo.

«Creo que siempre tengo una oportunidad de ganar, pase lo que pase en el partido», explicó Stewart. Y añadió que espera que esa mentalidad se contagie a sus compañeras. Probablemente ya lo ha hecho.

Clark y Bueckers ya tienen su oro

Para Caitlin Clark, este Mundial tenía además una dimensión especial. Era su primera gran competición con la selección absoluta y terminó levantando el oro después de haber vivido prácticamente todos los escenarios posibles durante el torneo. Desde aquella exhibición ante China en su debut hasta el complicado partido frente a Italia, pasando por la reacción ante Chequia y una final en la que Francia obligó a Estados Unidos a remontar.

Clark no necesitó ser la máxima anotadora para dejar su huella. Su capacidad para generar juego, encontrar compañeras y cambiar el ritmo del partido volvió a ser una de las armas del campeón. Y después del encuentro quiso detenerse en una jugadora concreta. Stewart. «Stewie es una ganadora. Eso es todo lo que es. Todo lo que hace es ganar», explicó Clark. La joven estrella reconoció que tener a alguien con semejante experiencia dentro del vestuario aporta una tranquilidad especial, especialmente cuando llegan los momentos complicados.

Es una imagen que resume bien este equipo: las nuevas estrellas aprendiendo de las que llevan años sosteniendo el techo del baloncesto estadounidense.

Bueckers también entiende el mensaje

Para Paige Bueckers, el oro tiene igualmente un sabor especial. Su primer gran campeonato absoluto termina con una medalla de oro y con la oportunidad de compartir vestuario con algunas de las jugadoras que han construido la historia reciente de Estados Unidos.

Y también ella señaló a Stewart. Bueckers habló de su ética de trabajo, de su liderazgo y de la manera en que influye en un partido en los dos lados de la pista. Pero hubo una idea especialmente interesante en sus palabras: ver a Stewart desde cerca le permitió comprender todavía mejor por qué ha ganado tanto.

No es solamente el talento. Es todo lo que ocurre alrededor de él. Los pequeños detalles. La preparación. La exigencia. La capacidad de aparecer cuando el partido lo necesita. Quizá ese sea uno de los grandes legados de este Mundial para las nuevas generaciones estadounidenses.

Francia perdió, pero dejó una advertencia

El oro vuelve a Estados Unidos, pero sería injusto que la historia terminara ahí. Porque Francia estuvo muy cerca de escribir otra historia.

Durante veinte minutos consiguió hacer aquello que pocas selecciones logran: incomodar al campeón, sacarlo de su zona de confort y hacerle dudar. El problema fue que Estados Unidos tiene demasiadas respuestas y, sobre todo, una capacidad competitiva extraordinaria para encontrar la siguiente marcha cuando el partido lo exige.

El 97-79 terminó siendo contundente. Pero Francia dejó algo detrás: la sensación de que el mundo se acerca. Italia ya había demostrado durante la fase de grupos que Estados Unidos puede sufrir. Francia acaba de demostrar que también puede tener que remontar una final. Y mientras Stewart, Clark, Bueckers y compañía celebran un nuevo oro, el resto del planeta sigue buscando la fórmula.

De momento, sigue sin encontrarla.

Porque después de 36 victorias consecutivas en Mundiales y doce títulos, Estados Unidos continúa siendo el lugar al que todas quieren llegar.

Y otra vez, al final del camino, el oro vuelve a hablar inglés.

Ficha técnica

Estados Unidos (17+26+30+24) 97: Young (18), Gray (12), Copper (15), Stewart (22), Collier (6) -quinteto inicial-, Bueckers (-), Citron (-), Howard (2), Iriafen (-), Clark (12), Boston (7) y Reese (3).

Francia (20+25+12+22) 79: Lacan (2), Williams (20), Ayayi (8), Salaun (7), Badiane (-) -quinteto inicial- Bernies (-), Gueye (-), Toure (3), Johannès (5), Leite (5), Malonga (21), y Astier (1).

Árbitros: Julio Anaya (Panamá), Ariadna Chueca (España) y Gatis Salins (Letonia).

Incidencias: partido correspondiente a la final de la Copa del Mundo disputado ante 12,233 espectadores en el pabellón Berlín Arena (Alemania).

Fotografía de FIBA

Autor Vicenç Ropero

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