El banquillo también juega
Fotografía cedida por Fibwi Mallorca
Un equipo de baloncesto no empieza cuando cinco jugadores saltan a la pista. Detrás de cada entrenamiento, cada decisión y cada partido existe un grupo de profesionales que trabaja durante horas para que los protagonistas lleguen al momento de la verdad en las mejores condiciones. El Fibwi Mallorca Bàsquet Palma ha apostado por dar continuidad a una parte fundamental de ese engranaje.
Los 40 minutos son la punta del iceberg
El aficionado llega al pabellón, busca su asiento, mira el calentamiento y espera que el balón eche a botar. Durante los siguientes cuarenta minutos, sus ojos estarán puestos en los jugadores. Verá quién anota, quién falla, quién defiende, quién recibe una reprimenda del entrenador, quién se marcha al banquillo y quién termina levantando los brazos después de una victoria. El baloncesto, para quien lo contempla desde la grada, sucede ahí.
Pero el baloncesto empieza mucho antes. Cuando las luces de Son Moix todavía no están encendidas, cuando las zapatillas aún no han dejado sus primeras marcas sobre el parqué y cuando nadie sabe todavía cómo terminará el partido, hay un grupo de personas que ya lleva muchas horas trabajando para que ese momento pueda producirse en las mejores condiciones posibles.
Son los integrantes del cuerpo técnico, los preparadores físicos, los fisioterapeutas, los responsables del análisis y todas aquellas personas que forman parte de una estructura que rara vez aparece en los titulares, pero que resulta imprescindible para que cinco jugadores puedan competir durante cuarenta minutos.
Y el Fibwi Mallorca Bàsquet Palma ha decidido que una parte importante de ese trabajo invisible tenga continuidad.
Rubén Escalas seguirá como segundo entrenador de Álex Formento, Albert Bosch continuará al frente de la preparación física y Christian Bonet seguirá formando parte del cuerpo técnico después de haberse incorporado al proyecto con la temporada ya iniciada. Tres renovaciones que quizá no tengan el impacto mediático de un fichaje, pero que cuentan mucho más de lo que parece sobre la manera en la que el club quiere afrontar su segunda temporada consecutiva en Primera FEB.
Rubén Escalas, la continuidad junto al nuevo entrenador
La llegada de Álex Formento supone un cambio importante en el banquillo del Fibwi, pero el entrenador catalán no comenzará su aventura en Palma rodeado exclusivamente de caras nuevas. A su lado estará Rubén Escalas, una figura que conoce perfectamente la realidad del club y que continuará ejerciendo como segundo entrenador.
Y esa continuidad tiene un valor especial. Cuando llega un entrenador nuevo, una de las primeras necesidades es conocer rápidamente el terreno sobre el que va a trabajar. Saber cómo funciona el club, cómo es el día a día, cuáles son sus rutinas, qué particularidades tiene el vestuario y cómo se vive la competición desde dentro. Formento aporta su experiencia y su manera de entender el baloncesto; Escalas aporta conocimiento del entorno y continuidad.
No se trata de que uno sustituya al otro, sino de que ambos conocimientos se complementen. El segundo entrenador ocupa además una posición mucho más compleja de lo que puede parecer desde fuera. No es simplemente la persona que se sienta al lado del técnico durante el partido. Participa en la preparación de los entrenamientos, estudia al rival, analiza situaciones, ayuda a corregir detalles y mantiene una visión diferente de lo que está ocurriendo sobre la pista. Durante un partido, mientras el primer entrenador está pendiente de determinadas situaciones, necesita que alguien más esté observando aquello que puede escaparse.
En ocasiones, una mirada diferente puede cambiar una decisión. Escalas, además, no llega a esta temporada como un recién llegado. Forma parte de un proyecto que conoce y en el que ya ha vivido diferentes situaciones deportivas. Su continuidad permite que Formento tenga a su lado a alguien capaz de explicarle no solamente qué sucede en la pista, sino también qué significa cada situación dentro del contexto particular del club. El entrenador llega con sus ideas. El segundo entrenador ayuda a convertirlas en realidad.
Albert Bosch y el trabajo que nadie ve cuando todo funciona
Hay otra figura cuya importancia resulta todavía más difícil de percibir desde la grada: el preparador físico. Cuando un jugador corre durante treinta segundos más que su defensor, llega a una ayuda defensiva una décima antes o mantiene las piernas frescas en el último minuto del partido, el aficionado ve una acción de baloncesto. Detrás puede haber semanas y meses de trabajo de Albert Bosch.
Su renovación es, en ese sentido, una de esas decisiones que probablemente no generan grandes titulares pero que pueden tener una importancia enorme durante una temporada. La Primera FEB no es una competición sencilla físicamente. Hay viajes, partidos, entrenamientos, golpes, pequeñas molestias y momentos en los que el cuerpo empieza a acumular el cansancio de muchos meses de competición. Mantener a un jugador disponible no consiste únicamente en conseguir que llegue al primer partido en forma. Consiste en gestionar su cuerpo durante toda una temporada.
Y ahí el preparador físico tiene una responsabilidad enorme. Tiene que saber cuándo apretar y cuándo descargar. Cuando un jugador necesita más trabajo y cuándo necesita recuperar. Cuando una sesión debe ser especialmente exigente y cuándo el mejor entrenamiento posible puede consistir en reducir la carga. El aficionado probablemente solo se dará cuenta de su importancia cuando algo falle. Cuando un jugador no pueda jugar. Cuando otro llegue al último cuarto sin piernas. Cuando una lesión obligue a modificar una rotación. Mientras todo funciona, el trabajo del preparador físico permanece prácticamente invisible. Y quizá ese sea precisamente el mejor síntoma de que está bien hecho.
Christian Bonet y la importancia de completar el engranaje
La continuidad de Christian Bonet representa otra de las piezas de este puzzle. Su llegada se produjo con la temporada ya iniciada, con el objetivo de ayudar y seguir trabajando dentro de una estructura que necesitaba reforzarse, y ahora el club ha decidido prolongar su vinculación.
Es un buen ejemplo de cómo se construye un cuerpo técnico de verdad. No todos los profesionales llegan al mismo tiempo ni desempeñan necesariamente una función que el espectador pueda identificar desde la grada. Algunos aparecen para cubrir una necesidad concreta y, con el paso de los meses, terminan convirtiéndose en parte natural del funcionamiento diario.
Eso también es construir un equipo. La tendencia habitual cuando se habla de baloncesto profesional es medirlo todo en puntos, rebotes, asistencias, victorias o derrotas. Pero existe otra estadística imposible de reflejar en una hoja de resultados: la cantidad de personas que hacen posible que el jugador pueda concentrarse únicamente en jugar. Christian Bonet forma parte de esa estructura. Y su continuidad permite mantener un engranaje que el club ya conoce, en lugar de empezar de cero en cada una de las parcelas que rodean al primer equipo.
El director deportivo también forma parte del partido
Y si hablamos del equipo que trabaja detrás del equipo, resulta imposible no detenerse en Martí Vives. El director deportivo no se sienta en el banquillo durante los cuarenta minutos, pero probablemente ningún otro miembro de la estructura tenga una visión tan amplia de todo lo que ocurre alrededor del primer equipo. Su trabajo comienza mucho antes de que Álex Formento prepare un entrenamiento.
Vives participa en la construcción de la plantilla, en la elección del entrenador, en la definición de los perfiles que necesita el equipo y en la coordinación de todas las decisiones deportivas. En este verano, además, ha tenido que afrontar una reconstrucción importante después de una temporada que terminó con una permanencia agónica, buscando una fórmula que permita al Fibwi competir de nuevo en Primera FEB con mayores herramientas.
Y hay una idea que resume bastante bien su manera de entender esta etapa. Vives ha explicado que, a la hora de elegir entrenador, necesitaba una persona capaz de gestionar todas las situaciones que pueden aparecer durante una temporada, alguien «multifacético». Esa misma filosofía parece extenderse a la construcción de la estructura deportiva. Porque una temporada no es una fotografía. Es una película.
Habrá lesiones, rachas negativas, jugadores que necesiten más minutos, otros que necesiten menos, problemas físicos, viajes, derrotas inesperadas, victorias que nadie esperaba y semanas en las que todo parezca funcionar. El trabajo de un director deportivo consiste también en anticiparse a todo aquello que todavía no ha sucedido.
Un equipo dentro del equipo
Quizá la mejor manera de entender la importancia de un staff sea imaginar qué ocurriría si desapareciera durante una semana. Los jugadores seguirían estando ahí. El balón seguiría botando. Pero faltaría una parte esencial de la estructura. ¿Quién prepara el entrenamiento? ¿Quién analiza al próximo rival? ¿Quién controla las cargas físicas? ¿Quién detecta que un jugador está llegando demasiado cansado? ¿Quién ayuda a corregir los errores? ¿Quién prepara los detalles tácticos? ¿Quién trabaja para que una molestia no termine convirtiéndose en una lesión? ¿Quién observa desde fuera aquello que los jugadores no pueden ver desde dentro de la pista? La respuesta no es una persona. Es un equipo. Y ese es quizá el concepto que más conviene recuperar cuando hablamos de baloncesto profesional. Un equipo no son solamente los doce jugadores que aparecen en la convocatoria. Es una estructura mucho mayor en la que cada profesional tiene una responsabilidad concreta y cuyo objetivo final es exactamente el mismo: conseguir que el jugador llegue al partido preparado para competir.
La importancia de tener memoria
En el caso del Fibwi, mantener parte de esa estructura tiene además una segunda lectura. El club afronta una temporada nueva con un entrenador nuevo y numerosos cambios en la plantilla, pero no necesita reconstruir absolutamente todo desde los cimientos. Escalas conoce el proyecto. Bosch conoce a los jugadores y la dinámica del club. Bonet ya conoce el funcionamiento interno. Y Vives continúa al frente de la dirección deportiva.
Eso significa que Formento llega con espacio para imponer su filosofía sin necesidad de dedicar los primeros meses a descubrir cómo funciona todo aquello que rodea al equipo. Es una diferencia importante. La renovación de un cuerpo técnico no siempre se mide por lo que incorpora. A veces se mide por aquello que decide conservar. Y en un proyecto cuyo objetivo principal es consolidarse en Primera FEB, la estabilidad puede ser una herramienta competitiva.
El partido empieza mucho antes del salto inicial
El próximo curso, cuando el Fibwi salte a la pista de Son Moix, volveremos a mirar a los jugadores. Nos fijaremos en si Lobo anota, si Huguet encuentra su sitio, si Simeunovic domina el rebote, si Jackson impone su físico o si Matulionis vuelve a aparecer cuando el equipo más lo necesite. Miraremos el marcador. Miraremos al entrenador. Y celebraremos o sufriremos cada posesión. Pero quizá merezca la pena recordar que, mientras todo eso sucede, hay muchas otras personas viviendo exactamente el mismo partido desde otra perspectiva. El preparador físico estará pendiente de las piernas. El segundo entrenador buscará detalles que puedan modificar el encuentro. El resto del cuerpo técnico estará atento a aquello que ocurre lejos del balón. El director deportivo observará el proyecto con una mirada mucho más amplia. Y todos ellos compartirán una misma preocupación: que el equipo funcione.
Porque cuando un jugador llega al último minuto con fuerzas para defender una posesión más, cuando una lesión no pasa de una molestia, cuando una defensa consigue ejecutar exactamente lo que se había preparado durante la semana o cuando un joven encuentra la confianza necesaria para dar un paso adelante, detrás de esa acción existe mucho más trabajo del que aparece en la estadística. El aficionado ve cuarenta minutos. El staff trabaja toda la semana.
Y quizá esa sea una de las grandes verdades del deporte profesional: los partidos los juegan los jugadores, pero los equipos los construyen muchas más personas.
En una Primera FEB tan exigente como la que espera al Fibwi Mallorca Bàsquet Palma, donde el objetivo vuelve a ser competir y consolidarse entre los grandes de la categoría, tener un buen quinteto será imprescindible.
Pero tener un buen equipo de trabajo puede ser decisivo.
Porque cuando llegue el momento de la verdad, cuando el balón esté en el aire y Son Moix vuelva a rugir, el banquillo también estará jugando.
Fotografía cedida por Fibwi Mallorca
Autor: Vicenç Ropero

