Diseño sin título

Supongo que eso de cumplir años pasa factura y al fin y al cabo todos nacemos con un destino fijo que todos, pronto o tarde, vamos a cumplir. Y es que hoy me entero tristemente de tu último viaje, me siento y me pongo a pensar todas esas aventuras que nos contabas en esas concentraciones, “clinics”, que ya poco se hacen.

Recuerdo aquellas charlas que en los descansos de esos eventos tenías a bien a compartir con todos esos que tanto y tanto te hemos admirado siempre. Y sobre todo lo que hemos aprendido de ese baloncesto clásico que tanto echo de menos.

Aún recuerdo ese maravilloso clinic que se celebró en Mahón allá por 1991, con un invitado de renombre como Chuck Daly (Daddy Rich) quien ganara dos títulos de la NBA con los Bad Boys y que seguro te acaba de abrir las puertas del cielo.

Lo recuerdo perfectamente porque ya había coincidido contigo en otros eventos y me hacía ilusión volver a verte. Lo recuerdo porque como alumno, a mi derecha, se sentaba Alfred Julbe.

Hubo anécdota graciosa y era que tú decías que te gustaba ir a los clinics porque la federación te pagaba un kilo (referido a pesetas) y lo soltabas con esa presunción que tanto te caracterizaba.

No sé cuántos ya: Manel Comas, Javier Imbroda, José Luis Abós, Quino Salvo o el grandísimo Ferrándiz. Menudo sexteto de grandes figuras. Pero nos empezamos a sentir solos con tantísima ausencia. Aunque bien sabemos que en todos los partidos, en cada pabellón, vuelan vuestras ánimas velando por el buen baloncesto. Se nota, se os huele.

Supongo que no solo Barcelona, Zaragoza, Málaga, Murcia, Ferrol, Hopitalet, Granada, Tenerife Valladolid, Cantabria, Archena, lugares donde entrenaste; o Marruecos, República Dominicana o Brasil, selecciones a las que entrenaste, lucirán un enorme crespón negro en sus próximos partidos como homenaje que te mereces.

Querido maestro, si yo hoy sé algo de baloncesto, tú eres culpable de ello. Eres muy culpable de que a mis 57 años el baloncesto corra por mis venas como si 16 años tuviera. Tú tienes mucha culpa de que yo ame este deporte que me sigue haciendo cosquillas en el estómago cuando salto a la cancha o me quedo en el banquillo.

Sé que algunos me preguntarán quién fue Moncho Monsalve. Perdónales. Tan solo son simples iletrados.

Triste me quedo de tu partida. Triste, es poco. Se nos va hoy una leyenda del baloncesto español.

Que callen todos los pabellones, que rindan un minuto de silencio en tu honor.

¡Se va un caballero!

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