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Fotografía cedida por Fibwi Mallorca

Las primeras decisiones de Álex Formento y la dirección deportiva comienzan a dibujar un proyecto con identidad propia. Renovaciones, fichajes y despedidas marcan el inicio de una reconstrucción que busca consolidar al Fibwi Mallorca Palma en la Primera FEB sin renunciar a la esencia que permitió al equipo sobrevivir la pasada temporada.

Hay veranos que se limitan a acumular nombres. Un fichaje hoy, una renovación mañana, una despedida pasado mañana. Noticias que, tomadas de forma individual, apenas permiten intuir hacia dónde camina un proyecto. Sin embargo, también existen veranos en los que cada movimiento parece responder a una idea común, a un plan previamente diseñado. Y esa es, precisamente, la sensación que empieza a transmitir el Fibwi Mallorca Palma.

La plantilla toma forma

Con Álex Formento ya confirmado como entrenador, la dirección deportiva encabezada por Martí Josep Vives ha comenzado a dar forma a una plantilla que todavía está lejos de estar cerrada, pero que ya permite identificar algunas de las señas de identidad que pretende tener el equipo durante la temporada 2026-27. Después del sufrimiento vivido el curso pasado, cuando la permanencia se convirtió en un objetivo tan complicado como finalmente satisfactorio, el club ha optado por construir sin prisas, manteniendo aquello que funcionó e incorporando perfiles que parecen responder a una misma filosofía de juego.

La continuidad de Xabi Beraza y Aless Scariolo fue el primer mensaje que lanzó el club durante este verano. En ambos casos, el Fibwi apostó por dos jugadores de presente y futuro, aunque por motivos muy distintos. La renovación de Scariolo supone dar continuidad al crecimiento de un jugador joven que fue ganando protagonismo con el paso de los meses y que todavía parece lejos de haber alcanzado su techo. Más significativa aún resulta la de Beraza. El ala-pívot vasco no pudo disputar un solo minuto durante la pasada temporada a causa de una grave lesión, pero su peso dentro del vestuario nunca dejó de sentirse. Quienes vivieron el día a día del equipo saben que su influencia fue mucho más allá de la pista. Llegado a Palma después de lograr el ascenso con el Odilo Cartagena, Beraza había sido uno de los grandes protagonistas del ascenso del Fibwi a Primera FEB un año antes, convirtiéndose rápidamente en uno de los referentes del proyecto tanto por su rendimiento como por su implicación con el club y con la afición. Su participación en las actividades sociales de la entidad, su cercanía con los seguidores y el respeto que siempre despertó entre compañeros y cuerpo técnico explican por qué el club ha querido seguir contando con él. Su renovación es, en cierto modo, una recompensa a todo lo que ya ha dado al Fibwi y una declaración de confianza en que volverá a ser el jugador importante que Son Moix disfrutó durante la temporada del ascenso.

A esas renovaciones se unió una de las noticias que mejor recibió la afición de Son Moix: la continuidad de Lysander Bracey. El estadounidense se ganó el cariño del público desde mucho antes de que terminaran de consolidarse sus números. Su carácter competitivo, su cercanía con la grada y su disposición para asumir cualquier rol que necesitara el equipo terminaron convirtiéndolo en uno de los referentes emocionales del vestuario. Cuando las lesiones obligaron a modificar esquemas, Bracey aceptó jugar como base, sacrificando parte de su rendimiento individual para poner su talento al servicio del colectivo. Ese tipo de gestos explican muchas veces por qué determinados jugadores dejan huella en un club. Mantenerlo era conservar parte del alma competitiva del equipo.

Nuevos fichajes

En el capítulo de incorporaciones, el primer nombre en llegar fue el del portugués Hugo Ferreira. A sus veinticuatro años, aterriza en Palma después de firmar una magnífica temporada en el baloncesto luso, donde se consolidó como uno de los bases más destacados de la competición gracias a sus más de quince puntos y seis asistencias por encuentro. Formado en Estados Unidos durante su etapa universitaria y con experiencia posterior en clubes como Lusitânia, FC Porto y Esgueira, Ferreira representa ese perfil de jugador con margen de crecimiento que combina velocidad, capacidad para generar ventajas y personalidad para asumir responsabilidades con el balón en las manos. No es casualidad que la dirección deportiva haya destacado precisamente esas cualidades al explicar su incorporación.

Junto a él llegó Sergi Huguet, otro movimiento que parece encajar perfectamente en la idea que pretende implantar Álex Formento. El joven exterior destaca por su energía, su capacidad defensiva y una intensidad constante que le permite competir en ambos lados de la pista. Su llegada vuelve a evidenciar que el Fibwi no está confeccionando una plantilla únicamente pensando en el talento ofensivo, sino también en el compromiso colectivo y en la capacidad para sostener un ritmo elevado durante los cuarenta minutos.

La tercera incorporación ha sido Jaume Lobo, probablemente el fichaje que más experiencia aporta, hasta el momento, al nuevo proyecto. El escolta barcelonés conoce perfectamente la Primera FEB después de haber dejado su huella en clubes como Cáceres, Força Lleida, Tizona Burgos o Hestia Menorca. En Lleida formó parte del equipo que consiguió el ascenso a la Liga Endesa y durante las últimas temporadas se ha consolidado como uno de los jugadores nacionales más fiables de la categoría. Su intensidad defensiva, su capacidad anotadora y el conocimiento de una competición tan exigente convierten a Lobo en una incorporación llamada a asumir responsabilidades desde el primer día.

Partidas dolorosas

Mientras unas puertas se abren, otras inevitablemente se cierran. Toda reconstrucción lleva asociadas despedidas, algunas más dolorosas que otras, y el Fibwi tampoco ha escapado a esa realidad. Jorge Martínez fue el primero en poner punto final a su etapa en el club, despidiéndose como uno de los jugadores que ayudaron a escribir algunas de las páginas más importantes de la historia reciente de la entidad. Poco después llegó la salida de Fallou Niang, cuya aportación durante la segunda mitad de la temporada fue creciendo hasta convertirse en una pieza muy querida por la afición. El interior mallorquín, incorporado tras la marcha de Loic Menuge, aportó trabajo, rebote y una implicación que conectó rápidamente con Son Moix.

Especialmente significativa resulta también la marcha de Lucas Capalbo. El base uruguayo ha puesto fin a su primera experiencia en el baloncesto español después de firmar una temporada notable. Su velocidad, creatividad y capacidad para dirigir el juego lo situaron entre los bases más destacados de la categoría, convirtiéndose además en uno de los jugadores más determinantes del Fibwi durante muchos momentos del curso. Sustituir un perfil como el suyo nunca resulta sencillo, aunque la llegada de Hugo Ferreira parece responder precisamente a la intención de mantener un estilo dinámico y valiente en la dirección del equipo.Más allá de la plantilla, el club también ha querido garantizar continuidad en una parcela muchas veces menos visible, pero igualmente importante. Rubén Escalas continuará como segundo entrenador acompañando a Álex Formento, Albert Bosch seguirá al frente de la preparación física y Christian Bonet permanecerá formando parte del cuerpo técnico, reforzando una estructura de trabajo que combina nuevas ideas con el conocimiento de la realidad del club. La estabilidad no solo se construye sobre el parqué; también nace del trabajo diario de quienes permanecen lejos de los focos.

Todavía queda mercado por delante. Llegarán nuevos nombres, habrá más movimientos y la plantilla seguirá evolucionando durante las próximas semanas. Sin embargo, existe una sensación que empieza a instalarse alrededor del Fibwi Mallorca Palma y que quizá sea la mejor noticia de este inicio de verano: el proyecto ya tiene una identidad reconocible. Las decisiones adoptadas hasta ahora no parecen responder a la improvisación, sino a un plan que busca mezclar juventud, experiencia, compromiso y capacidad competitiva.

El camino será largo.

La Primera FEB volverá a ser una categoría despiadada.

Pero el Fibwi ya no parece un equipo que únicamente aspire a sobrevivir.

Empieza a parecer un equipo que sabe quién quiere ser.

Fotografía cedida por Fibwi Mallorca

Autor: Vicenç Ropero

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