La guerra de los cupos
: Creación digital Basket Pasión
Este verano se ha producido una vuelta de tuerca más en el sempiterno debate de los cupos.
Corría el año 1938 cuando un joven Orson Welles dinamitaba el sistema cognitivo de la sociedad norteamericana con su emisión radiofónica de la obra de H. G. Wells, La guerra de los mundos. La zozobra, el desconcierto y las llamadas a las instituciones que provocó aquella representación, inocente solo en apariencia, generaron un antes y un después en el mundo de la comunicación. Salvando, obviamente, las distancias y el impacto, los seguidores del mundo de la canasta estamos sufriendo en este verano de 2026 una confusión semejante a aquella.
Cada vez que se anuncia un nuevo fichaje en ACB motivado por la necesidad de cubrir los obligados cupos, la cara de sorpresa de muchos aficionados es digna de mención, con frotada de ojos incluida y pensamientos del tipo: «¿No le habrán hackeado la cuenta a alguien?». Porque algunas de las últimas llegadas a la mejor liga de nuestro país son, cuando menos, curiosas.
Toda búsqueda es lícita, pero…
No quiero que se me tome a mal. Parto de la base de que hay muchos clubes que no tienen la posibilidad de vincular a dos o tres jugadores de la cantera al primer equipo y así cumplir de manera «creativa» con la normativa, por lo que se ven abocados a buscar por donde sea para ajustarse a lo que se les exige.
Dicho esto, hay nombres que, si no fuera por su condición de cupo, no habrían pisado bajo ningún concepto la máxima categoría del baloncesto español. Todos los años se producen fichajes que, de entrada, te hacen fruncir el ceño, como el de Rubén de la Torre por el UCAM o, en menor medida y visto a posteriori, el de Héctor Alderete por La Laguna Tenerife. Pero este año creo que el tema se ha ido de madre.
Puedo entender apuestas de futuro, como la contratación de Isaac Vázquez por parte del Girona o la repatriación de Tamba en Manresa. Creo que, en determinados momentos y dentro de ciertos sistemas, Josep Peris puede ser un desatascador para el Breogán. El talento puro de Duscak y la potencia física de Ansorregui, en manos de Ponsarnau —un experto en sacar agua de las piedras—, pueden permitirles tener minutos de rotación en roles específicos y ofrecer buenas prestaciones. Eso por no hablar de cupos contrastados que han cambiado de aires, como es el caso de Samar.
Pero, claro, también nos encontramos con jugadores que nos hacen preguntarnos qué sentirán Mateo Díaz, Osobor y un largo etcétera. Las incorporaciones de Vicedo y Kasibabu por parte del mencionado Breogán pueden catalogarse, siendo generosos, como sorprendentes, ya que ninguno de los dos viene de completar una temporada descollante en Primera FEB.
Y en esto, como en todos los órdenes de la vida, siempre hay alguien que se lleva la palma. En este caso, el Morabanc Andorra, que con la incorporación de Mutic ha hecho saltar la banca de lo inesperado. No solo porque el bueno de Lazar estuviese fuera del radar de casi todos, sino también porque nuestro último recuerdo de él es el de un jugador que ni siquiera fue preponderante en Segunda FEB. Es cierto que de eso hace ya algunos años y que todo el mundo tiene derecho a mejorar, pero, qué quieren que les diga, chirría y mucho. Haciendo bueno aquello de: si cumple con el requisito de ser cupo y es barato, adelante.
Desproteger aquello que se quiere proteger
Recuerdo que la implantación de los cupos se nos vendió por parte de la ABP como un logro tremendo tras años de pelea y que venía para proteger al baloncestista español, garantizando que llegar a la élite fuera más sencillo. El objetivo era evitar que la rotación del talento nacional se viera amenazada por la entrada masiva de extranjeros que se vivió durante los primeros años de este siglo.Spoiler: la jugada salió mal.
Cualquier chaval, sea del país que sea, que haya jugado al menos tres años antes de cumplir los veinte en cualquier club federado es considerado cupo. Esto significa que, dada la globalización de las grandes canteras y que hoy en día el scouting vive su época dorada gracias a las plataformas digitales, se producen situaciones tan curiosas como la acontecida con el Murcia la temporada pasada, cuando ninguno de sus cupos había nacido en España.
Esta norma deja fuera, de manera difícilmente comprensible, a jugadores nacionales que, por circunstancias de la vida, no se formaron aquí y que, por ese motivo, ya no pueden ser considerados cupos, aunque sí puedan ser seleccionados para jugar con «La Familia». Este dato, como dirían aquellos dos viejos humoristas, debe ser catalogado como «regarde la gilipollua».
El caso es que, mientras esto siga siendo así y nadie se lo haga mirar, verano tras verano se repetirá el mismo patrón: cupos caros que terminan en los clubes capaces de pagar su caché y el resto buscando hasta debajo de las piedras para encontrar soluciones de bajo coste que, posiblemente, no cumplan con las exigencias competitivas mínimas que impone una liga tan dura como la ACB.
Este estío se ha desatado La guerra de los cupos. Y parece que va para largo.
Autor: Lermi García
Imagen : Creación digital Basket Pasión

