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Fotografía de Leyma Coruña

La renovación de Osvaldas Matulionis y la confirmación de la inscripción del Fibwi Mallorca Bàsquet Palma en la Primera FEB ponen el broche a un verano de planificación que invita a la ilusión. El objetivo sigue siendo la permanencia, pero el camino elegido demuestra que el club quiere consolidarse en la categoría con un proyecto sólido, reconocible y construido desde el trabajo.

Un proyecto que empieza a tener identidad

Hay veranos en los que un club se limita a incorporar jugadores esperando que el talento individual termine convirtiéndose, con el paso de los meses, en un equipo competitivo. Y hay otros en los que cada decisión parece formar parte de una hoja de ruta perfectamente definida. Todo apunta a que el Fibwi Mallorca Bàsquet Palma está viviendo uno de esos veranos.

La llegada de Álex Formento al banquillo abrió una nueva etapa tras una temporada marcada por el enorme esfuerzo que supuso conseguir la permanencia en una Primera FEB que no deja de aumentar su nivel competitivo. Aquella salvación, celebrada casi como un título por la dificultad del reto, también sirvió para que el club extrajera una enseñanza muy valiosa: para consolidarse en la categoría no basta con confeccionar una buena plantilla, es necesario construir un proyecto.

Y precisamente esa es la sensación que transmite el trabajo desarrollado durante las últimas semanas. La dirección deportiva, encabezada por Martí Josep Vives, ha ido perfilando un grupo con una idea muy clara, combinando jugadores jóvenes con margen de crecimiento, perfiles contrastados en la categoría y un núcleo de renovaciones que garantiza la continuidad de la identidad competitiva del equipo. Hugo Ferreira, Sergi Huguet, Jaume Lobo, Adrià Moncanut, Garmine Kande, Dorde Simeunovic, Shilo Jackson y Osi Cerdà han ido completando una plantilla que ya permite intuir el baloncesto que quiere desarrollar Álex Formento. A ellos se suman las renovaciones de Xabi Beraza, Aless Scariolo, Lysander Bracey y, ahora, la de Osvaldas Matulionis, una decisión que probablemente simboliza mejor que ninguna otra el equilibrio que busca el club entre presente y futuro.

Mucho más que una renovación

En un mercado dominado por la llegada de jugadores jóvenes y con un enorme margen de progresión, la continuidad de Osvaldas Matulionis adquiere un significado especial. El alero lituano representa ese perfil de jugador cuyo verdadero valor no siempre aparece reflejado en las estadísticas, pero que termina resultando imprescindible cuando una temporada entra en esos momentos en los que la experiencia, la serenidad y el liderazgo pesan tanto como el talento.

Matulionis llegó a Palma el pasado verano después de una extensa trayectoria en la Primera FEB y desde el primer día asumió un papel fundamental dentro del vestuario. Su conocimiento de la categoría, su profesionalidad y su capacidad para transmitir tranquilidad en los momentos de máxima presión fueron tan importantes como su aportación sobre la pista. No necesitó acaparar titulares para convertirse en uno de los referentes del grupo.

Su temporada dejó momentos que permanecerán durante mucho tiempo en la memoria de la afición. El histórico triunfo frente al Movistar Estudiantes, la regularidad con la que sostuvo al equipo en numerosos encuentros o aquella inolvidable actuación en el derbi frente al Palmer Basket Mallorca Palma, cuando tres triples prácticamente consecutivos ayudaron a encarrilar una victoria que terminaría significando la permanencia del equipo en la categoría. Aquellas canastas fueron mucho más que una brillante actuación individual; simbolizaron el carácter competitivo de un jugador acostumbrado a aparecer cuando el equipo más lo necesitaba.

Por todo ello, su renovación no supone únicamente conservar a un excelente jugador. Significa mantener dentro del vestuario una figura capaz de transmitir estabilidad a un grupo que incorporará numerosas caras nuevas y que necesitará referencias capaces de guiarlo durante una competición tan larga y exigente como la Primera FEB.

Un verano construido con criterio

Si se observa el mercado del Fibwi en su conjunto, resulta complicado encontrar decisiones improvisadas. Cada incorporación parece responder a una necesidad concreta y todas ellas terminan encajando dentro de una misma filosofía deportiva.

Hugo Ferreira aportará creatividad y velocidad desde la dirección de juego. Jaume Lobo incorpora experiencia y conocimiento de una categoría que conoce a la perfección. Adrià Moncanut representa una apuesta por el crecimiento desde la posición de base, mientras que Sergi Huguet añade intensidad defensiva y energía en el perímetro. En el juego interior, Garmine Kande reforzará la presencia física bajo los aros, Dorde Simeunovic aportará versatilidad y experiencia, y Shilo Jackson ofrecerá un perfil atlético con un enorme potencial por desarrollar. El regreso de Osi Cerdà, además, devuelve al club a uno de los jugadores que comenzó su formación en la cantera del Imprenta Bahía San Agustín y que ahora regresa después de haber llegado incluso a debutar en la Liga Endesa.

Lejos de buscar grandes nombres, el Fibwi parece haber apostado por reunir perfiles compatibles entre sí, capaces de asumir diferentes roles y de adaptarse a la idea de baloncesto que pretende implantar Álex Formento. Esa coherencia en la planificación transmite una sensación de estabilidad que pocas veces acompaña a proyectos recién ascendidos.

La ilusión desde el realismo

Sería un error pensar que todos estos movimientos convierten automáticamente al Fibwi Mallorca Bàsquet Palma en uno de los aspirantes a la zona alta de la clasificación. La Primera FEB volverá a reunir a algunos de los clubes más potentes del baloncesto nacional y cada victoria exigirá un enorme esfuerzo. El objetivo seguirá siendo consolidarse en la categoría, crecer como club y evitar los sufrimientos que marcaron buena parte de la pasada temporada.

Sin embargo, una cosa es mantener los pies en el suelo y otra muy distinta renunciar a la ilusión. El trabajo realizado durante este mercado invita al optimismo precisamente porque transmite orden, coherencia y planificación. La plantilla comienza a tener una identidad reconocible, el cuerpo técnico ha participado activamente en su construcción y la dirección deportiva ha sabido combinar juventud, experiencia y conocimiento de la competición sin perder de vista la realidad económica del club.

Nadie puede asegurar cuántas victorias conseguirá este equipo cuando el balón empiece a botar en Son Moix. Tampoco sería justo exigir objetivos que todavía quedan lejos de la realidad deportiva de la entidad. Lo que sí parece evidente es que el Fibwi Mallorca Bàsquet Palma ha aprovechado el verano para fortalecer los cimientos sobre los que quiere construir su futuro.

La renovación de Osvaldas Matulionis cierra, de momento, un mercado que ha dejado mucho más que una colección de nombres. Ha dejado la sensación de que existe un plan, de que cada decisión responde a una idea compartida y de que el club ha entendido cuál es el camino para asentarse en la Primera FEB.

Quizá el reto siga siendo la permanència pero, el Fibwi no solo está preparado para luchar por ella, sino también para seguir creciendo mientras la persigue. Creo que esa es la mayor victoria que deja este verano antes incluso de que comience la competición.

Fotografía de Leyma Coruña

Artículo de Vicenç Ropero

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