Montaña suiza
Foto de: FEB
Con la temporada recién concluida para IDK Euskotren, podemos afirmar que ésta ha sido un viaje entre los altos ilusionantes del comienzo de Liga, la preocupación por no haber sabido sacar adelante partidos controlados y la tranquilidad de un final con los deberes hechos.
La foto de la temporada
Dicen las guías turísticas que la mejor vista de San Sebastián se obtiene desde lo alto del Monte Igueldo, que es el lugar ideal para esos amantes del postureo que buscan la foto más emblemática con la bahía al fondo; si nosotros también sobrevolamos la temperatura concluída hace diez días para Ibaeta para tener la mejor perspectiva, podemos afirmar que esta campaña 25/26 ha sido para el conjunto donostiarra como la vetusta atracción del parque de Igueldo. Para quien no la conozca habrá que empezar diciendo que en este caso la montaña no es rusa sino suiza -mucho más acorde a la escala-, que sus subidas no son vertiginosas, ni tiene caídas en picado de esas que te ponen el estómago en la boca; digamos que sus emociones son controladas. Pues algo así ha sido la temporada de IDK, un inicio hacia arriba, una caída ralentizada y un final suave y estable.
Después del sufrimiento de la campaña anterior, cualquier aficionado al equipo guipuzcoano hubiera firmado terminar en la duodécima plaza, con los objetivos básicos cumplidos con dos jornadas todavía para el final. Una buena temporada. Sin embargo, queda ese ligero regusto de poder haber obtenido el sobresaliente y es que el inicio de liga fue tan ilusionante que da la sensación de que con un par de victorias más los playoff eran una meta alcanzable para las chicas de Azu.
IDK se vio en puestos de privilegio en el arranque, a pesar de cosechar una derrota frente a Valencia en la segunda jornada, el balance en el primer tercio era de 7-1, con triunfos en casa frente a Gran Canaria, Estepona, Estudiantes y Joventut -los tres últimos dando una gran imagen- y victorias fuera en canchas complicadísimas como son las de Jairis, Avenida y Ferrol. Del equipo endeble del curso pasado habíamos mutado en un equipo capaz de competir, de solventar los malos momentos, de sobreponerse a arbitrajes dudosos. Con grandes actuaciones de Ejim, Robinson –MVP de la jornada incluido-, con Faye encabezando la estadística de rebotes, un juego coral en el que si no aparecía una, lo hacía otra para tomar el testigo. La imagen para demostrar que nos salía todo fue Lara anotando desde el suelo y de espaldas al aro. Un equipo ilusionante e ilusionado.
Tras una dinámica de muchos encuentros seguidos en los que el equipo se dejó la piel, se visitó Lugo, ante un conjunto complicado como demostró su clasificación final en liga. Salió mal el equipo y aunque recuperó la desventaja en el marcador, finalmente terminó sucumbiendo. Se repitió derrota en una cancha complicada como es la de Spar Girona, en una de esas que el aficionado objetivo califica de esperables. Más costó digerir lo que vino después.
Gracias al airbag
Porque teníamos a continuación doble cita en el Gasca ante rivales de los que se pueden denominar accesibles; sin embargo, ambos compromisos se saldaron con derrota. Frente a Cadí se vieron los primeros síntomas de nerviosismo en el tramo final, ante Leganés directamente estuvimos a merced de las madrileñas. El colchón obtenido y lo igualado de la competición limitaron los daños.
La racha negativa se alargaría un poco más, con el asalto sufrido en Gernika, con la pérdida de tensión padecida frente a Araski en casa o la esperable, aunque dolorosa por el buen partido realizado, ante Zaragoza en la capital aragonesa. Y de Lugo llegamos a Lugo, con la clasificación para la Copa de la Reina en el bolsillo pero ya fuera de los puestos de playoff. Durante tres cuartos el equipo fue el del inicio de temporada, en el periodo final se vislumbraban los fantasmas de las derrotas recientes pero apareció Itzi para espantar esos fantasmas y dejar la victoria en el Gasca.
Una victoria que dio una bocanada de aire fresco a un equipo que atravesaba su peor momento de la temporada: frente a Jairis, Joventut en Badalona, Estudiantes y en el inicio ante Araski resultamos vapuleadas, con una imagen que recordaba al equipo de la temporada anterior. Afortunadamente las victorias en La Seu y en Las Palmas estabilizaron la situación. La igualdad de la competición hizo el resto e IDK encaró el tramo final tan cerca del descenso como de los puestos que daban derecho a jugar la postemporada.
El gran partido defensivo ante Ferrol nos volvió a ilusionar con clasificar entre los ocho primeros, pero inmediatamente llegaron dos encuentros de esos -no son los únicos- que de haber ganado podían haber trocado una temporada buena por una brillante. Estepona y Gernika en casa, cuando el equipo parecía tener controlado el marcador, llegaron las desconexiones, los fallos defensivos, la parálisis que hace que la victoria se te escape entre las manos.
Queriendo mirar hacia arriba y temiendo mirar hacia abajo, IDK Euskotren realizó el mejor partido de la temporada ante Valencia en el Gasca. Por el nivel defensivo, por el acierto en ataque, por el rival que teníamos enfrente. Y viéndolo a posteriori, porque fue el que nos evitó caer al pozo. Gran victoria y permanencia sellada.
Sin tensión el equipo viajó a Leganés. Todavía eran posibles los playoffs, pero rápidamente se vio que no, que nos conformábamos con lo logrado. Entre ausencias y bajas recibimos a Girona para despedir la temporada en el Gasca; buen partido aunque derrota. Terminaba el viaje en la montaña suiza del monte Igueldo. Hubiera estado bien que durara un poco más, pero nos quedamos con el recuerdo, la adrenalina del acelerado comienzo, el susto con freno de la mala racha o la felicidad de la clasificación para la Copa de la Reina -también breve como experiencia baloncestística pero muy meritoria dado lo complicado de la Liga Femenina Endesa-.
Y ahora llega el verano, Robinson sigue, Rosó se marcha, el resto por ahora se parece más a otra de las clásicas atracciones del Parque vintage donostiarra: un río misterioso.
Autor: Alex Andreu
Foto de: FEB

