Esto empieza
La duda está en el aire. Cada equipo sabe a qué viene y cada uno espera algo de lo suyo. Las expectativas son diferentes. Hay equipos para los que caer en el grupo de fase sería un fracaso. Para otros no, pero siempre estarán con ganas de competir. Y para otros, por culpa del calendario, es un día a día. Ejemplo claro de ellos es República Checa.
Para las checas el futuro es el día de hoy porque encima el calendario les juega una mala pasada y su primera piedra de toque, mañana a las 20:15, es Italia. Por lo tanto un partido a cara o cruz, que quizás, se presenta más como cruz que como cara.
¿Por qué?
Pues si eres una selección como la checa, y ojo que está en auge, y resulta que dos puntos fuertes, Julia Reisingerová y Emma Čechová, están lesionadas, la balanza se cae al fracaso. República Checa dependía de la recuperación de estas dos jugadoras y no ha podido ser. No decimos que las otras no puedan coger el relevo, pero son dos faltas muy serias para una selección que llevaba 14 años sin brillar y empezaba a hacerlo.
Esto supone ir a trompicones. Ir a ganar a Italia que, aun así, se puede. Tras ganar a Italia, tocaría China. Y si suena la campana a “disfrutar” contra EEUU.
Si bien, y si no me equivoco, los primeros pasan directamente, y segundos y terceros juegan una eliminatoria. Solo se caen de la competición los cuartos. Pero esto consiste en no fiarse de nadie.
Cualidades checas
Saben jugar rápido y mover el balón. La garantía exterior, con aleros altos muy polivalentes, ha de estar por encima de 35% y eso lo pueden conseguir, pero se trata de que la “pelotita” entre mañana. Es una selección muy alta con mucha gente alta en el interior de la zona y eso debe ser positivo en los rebotes a lo largo del partido.
Es un equipo que sabe sacrificarse y que si llegan a un final de partido muy igualado, lo saben jugar.
El juego de las checas
Si nos pusiéramos a apostar, si las checas quieren conseguir algo positivo contra Italia, han de hacer volar el balón, sin prisas pero con inteligencia. Joklová, Voráčková y Pospíšilová deben liderar y tirar de galones en este partido.
Y por supuesto, deben controlar las pérdidas de balón.
Y me atrevo a poner dos puntos cruciales: defender “a muerte” a Cecilia Zandalasini y sacar de la zona y de sus casillas a Lorela Cubaj.
Romana Ptáčková, entrenadora checa, ha de hacer de este partido un master de juego, tiene que proponer una ruptura a la creación de juego italiana. Y todas tienen que tener claro que correr no es regalar balones.
Difícil sí. Imposible no.

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