Mirai Euskotren en la realidad del baloncesto femenino
Foto de: FEB
Mientras otros equipos todavía anunciaban salidas postemporada, IDK Euskotren tenía prácticamente ya cerrada la plantilla para el nuevo curso; deportivamente, ésto no significa nada, pero muestra la realidad del club donostiarra en el convulso panorama del baloncesto femenino español.
Con el trabajo casi hecho
Decíamos en uno de los últimos artículos en el que se trataba el fichaje de Imani Tate, que el anticipo en la confección de la plantilla no es garantía de resultados. Todo se decidirá en la cancha y en Donostia sabemos que una simple jugada puede decidir el resultado de toda una temporada y si no que le pregunten a Zeta y su triple en Lugo. Sin embargo, tener más que perfilada la plantilla todavía con el verano sin comenzar sí que dice mucho de otros factores que -bajo mi punto de vista- hablan muy bien de la directiva y el apartado técnico del club de Ibaeta.
Porque para tener a estas alturas de mercado ya diez jugadoras en plantilla hay que haber trabajado mucho y bien anteriormente. Y no sólo el club; confirmar siete renovaciones nos habla en primer lugar del propio rendimiento de esas jugadoras. El curso pasado se lo ganaron y desde el club se busca premiar ese rendimiento y establecer unas bases para esta próxima campaña. Después significa que desde el club se sigue trabajando en el rastreo de mercado en paralelo al trabajo diario. Sabemos que son muchas veces los representantes de deportistas los que llaman a los clubes ofreciendo los productos que gestionan pero eso implica por parte del club -en este caso Mirai- tener claro qué posición y que tipo de jugadora es la que necesitas.
Y después, para poder firmar a alguien con el recorrido y el nombre que tiene Imani Tate en la primera categoría del baloncesto femenino español, hay que tener el respaldo económico para poder hacerlo. Al margen de los patrocinios institucionales de Ayuntamiento y Diputación, hay que haberse trabajado también la continuidad de todos los patrocinadores privados, los principales pero también todos los secundarios, esos cuyos logotipos aparecen en la contraportada de la hoja de partido que se reparte en el Gasca. Ignoro cuánto puede aportar cada uno, pero estoy seguro de que cada céntimo es contado para poder cubrir los gastos del club. En las últimas campañas hemos visto en Liga Femenina casos como Tenerife, Bembibre o mismamente Gran Canaria este año, donde no se pagan salarios o las jugadoras deben ser liberadas por no poder asumir los costes o hay jugadoras que nunca llegan a debutar con el club que las anuncia… Quizás es el carácter guipuzcoano, pero gran parte del mérito de Ibaeta Basket es saber situarse económicamente en su realidad.
Si además este verano hay Mundial (no ese, el otro Mundial, el nuestro, el de septiembre) con lo que pueda afectar a las pretemporadas, si, como atestigua la foto que acompaña el artículo, Azu ha estado participando como entrenadora ayudante de Anna Montañana en la concentración de España Futuro, anticipar el trabajo debe ser el respaldo para desarrollar todo el potencial deportivo del grupo de jugadoras.
Un espacio convulso
Actuar en el mercado baloncestístico español -tanto en categoría femenina como también en masculina- requiere en estos últimos tiempos además de los conocimientos táctico-técnicos y de los recursos económicos, una buena dosis de resiliencia -¿o deberíamos decir antifragilidad?-. Recordemos que los playoffs de la pasada temporada ya se vieron afectados por la salida hacia la WNBA de varias jugadoras y el hecho de que, mientras sus rivales perdían piezas, Valencia pudiera retener a Fiebich, Carrera o Awa Fam influyó sobremanera en el resultado final de la competición.
También -el por entonces- IDK vio como Paige Robinson se ausentaba de las dos últimas jornadas para tratar de buscarse un hueco en la liga estadounidense. Y aunque en el sentimiento del forofo duela, es lógico que las jugadoras busquen progresar, que quieran jugar a un nivel más alto, que sus emolumentos sean mayores… Dice el refrán que el pez grande se come al chico, y esto es así en todos los deportes y en casi todos los órdenes de la vida. Que en la principal liga del mundo o en los equipos más punteros de Europa se fijen en las jugadoras de la Liga Femenina Endesa puede ser motivo de orgullo para la competición… o puede ser un retroceso en el nivel medio de la liga.
Tradicionalmente los equipos de esa llamada clase media se han visto afectados por estas salidas hacia clubes más poderosos y están acostumbrados a rastrear el mercado para confeccionar plantillas competitivas. En esos procesos de reconstrucción las categorías de formación son un recurso habitual; sin embargo, en estos últimos años vemos que cada vez son más y más las jugadoras que deciden dar el salto al baloncesto universitario norteamericano. Y el problema no radica en que crucen el charco, el problema es que la NCAA se ha convertido en un rival más. El nivel de la competición, los cambios reglamentarios que posibilitan mayores ingresos, la posibilidad de formarse más allá del deporte, la experiencia enriquecedora de un nuevo país, una nueva cultura… Revisando esa España Futuro que entrenaba Azu o las convocatorias de la U19 o U20, cuesta encontrar quien siga desarrollando su carrera en las competiciones nacionales. Que grandes equipos de Chequia, Italia o Turquía pesquen en LF Endesa es comprensible, que las salidas hacia la WNBA sean cada vez más -algunas como las de Raquel Carrera, Alicia Flórez, Bankolé o Sika Koné con ansiado regreso- son inevitables, pero lo que no esperaba llegar a ver es que la NCAA se lleve, no ya a proyectos de jugadora, sino a auténticas realidades consolidadas en la máxima categoría como Noa Morro, Claudia Contell o mi admirada Maimouna Haïdara.
Retener y distribuir el talento
Talento no falta en España ni en Europa, pero si queremos hacer competiciones igualadas como lo ha sido la Liga Femenina Endesa en esta última edición, hay que ser capaces primero de retenerlo y luego de distribuirlo. Y si lo primero es complicado, lo segundo es un ejercicio de malabarismo propio del Cirque du Soleil. Estamos en la post-temporada en la que de Avenida sólo quedó el apellido, al tiempo un recién ascendido como Azulmarino anuncia una plantilla capaz de meterse en semifinales -o más-. Plantillas completas saltan por los aires, los patrocinios son volátiles, anunciar una renovación es un parto, grandes proyectos son incapaces de retener a sus mejores jugadoras…
Los condicionantes hacen que estemos ante una pretemporada extraña y ahí Mirai Euskotren ha actuado con anticipación; salvo incorporación final de esa undécima ficha, la plantilla está cerrada. Con sus recursos ha conseguido lo que cree mejor para cumplir sus objetivos -¿playoff o simplemente mantenerse?-. A partir de septiembre veremos si el grupo empasta bien, si Azu consigue sacar todo lo que llevan dentro las jugadoras, comprobaremos el carácter del equipo en las buenas y en las malas.
Pero más allá de la mirada egoísta y local a nuestro equipo, la realidad del baloncesto femenino español necesita una profunda reflexión por parte de todos. Yo no tengo soluciones mágicas, pero opino que cualquier salida debe estar orientada hacia el equilibrio de la competición y hacia la mejora de las condiciones de las jugadoras. ¿Un tope salarial?, ¿garantizar unos ingresos mínimos mayores?, ¿un número de inscripciones que nadie pueda superar?, ¿qué puede/debe hacer la Federación Española para atraer recursos? Se habla en los medios de una pretendida inversión de Gasol en la Liga Femenina de fútbol. Y si Pau no pone sus ojos en el balón naranja, será que algo falla en hacer de nuestro deporte algo grande.
Autor: Alex Andreu
Foto de: FEB

