¿Quién decide realmente el calendario?

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Fotografía de la FEB

La FEB anunció el calendario de la Liga Femenina Endesa 2026-27 y apenas unas horas después comunicó a los clubes que dejaba de ser válido. El nuevo sorteo se celebrará el próximo 15 de julio. La decisión, sin explicaciones públicas sobre las causas, abre un debate incómodo sobre la transparencia, la seguridad jurídica y el respeto a la propia competición.

Hay noticias que sorprenden.

Y otras que, sencillamente, dejan a todo el mundo mirando la pantalla intentando comprender qué acaba de suceder. Eso es exactamente lo que ha ocurrido hoy viernes en la redacción de Basket Pasión.

La Federación Española de Baloncesto había convocado el esperado sorteo del calendario de la Liga Femenina Endesa 2026-27, un acto previsto desde hacía días dentro de la planificación oficial de las competiciones femeninas y anunciado por la propia FEB.

Los clubes conocieron sus rivales. Los departamentos de comunicación comenzaron a trabajar. Las redes sociales ya empezaban a hacerse eco, desplazamientos, jornadas destacadas y primeros análisis. Todo parecía seguir el curso habitual de cualquier inicio de temporada. Hasta que dejó de hacerlo.

Apenas unas horas después, la propia Federación comunicó a los clubes que el calendario publicado dejaba de tener validez debido a «un ajuste en la disponibilidad de fechas» y anunció la celebración de un nuevo sorteo el próximo 15 de julio. Esa escueta explicación ha sido la única información trasladada públicamente hasta el momento.

Y es precisamente ahí donde empiezan las preguntas.

No porque modificar un calendario sea, por sí mismo, algo imposible. Los imprevistos existen. Las competiciones son complejas y coordinar pabellones, competiciones europeas, televisiones y disponibilidad de instalaciones nunca resulta sencillo. Lo que cuesta entender es otra cosa. ¿Cómo puede celebrarse un sorteo oficial para que, apenas unas horas después, deje de existir? ¿Qué circunstancia aparece entre un acto y otro que no pudiera conocerse antes? ¿Se realizó el sorteo con toda la información necesaria encima de la mesa? ¿Quién detectó el problema? ¿Y cuándo?

Porque cuando una federación organiza un acto oficial, el mensaje que transmite a clubes, patrocinadores, medios de comunicación y aficionados es muy claro: el resultado es definitivo. O, al menos, debería serlo. La cuestión no es únicamente administrativa. También afecta directamente a la credibilidad.

Los calendarios no son un simple listado de partidos. Detrás de ellos hay reservas de hoteles, planificación de viajes, organización de retransmisiones, campañas de abonados, estrategias de comunicación e incluso decisiones comerciales de patrocinadores que comienzan a preparar la temporada desde el mismo momento en que conocen las fechas. ¿Tiene algo que ver con que Azul Marino, la red de agencias vacacionales del grupo World2Meet, patrocine a la FEB y a un equipo de la LF Endesa al mismo tiempo? Desde una perspectiva estrictamente ética y de gobernanza deportiva, existe un claro riesgo de conflicto de intereses y empezamos así…

Todo ese trabajo queda ahora suspendido en el aire. Y con él aparece una sensación incómoda. La de que un procedimiento que debería ser absolutamente sólido ha terminado convirtiéndose en algo provisional.

Desde Basket Pasión no conocemos las razones técnicas que han llevado a la FEB a adoptar esta decisión. Y precisamente por eso creemos que resulta todavía más importante que la Federación las explique con detalle. Porque cuando no existen explicaciones, inevitablemente aparecen las especulaciones. Y ninguna institución seria debería sentirse cómoda dejando espacio a las especulaciones. La pregunta de fondo va incluso más allá del propio calendario. Tiene que ver con la gobernanza de la competición. ¿Quién toma realmente este tipo de decisiones? ¿Quién tiene capacidad para dejar sin efecto un sorteo ya celebrado? ¿Existe un protocolo establecido para estas situaciones extraordinarias? ¿O estamos ante una decisión improvisada como consecuencia de un problema detectado demasiado tarde? La transparencia no consiste únicamente en comunicar una decisión. Consiste en explicar por qué se toma. Especialmente cuando afecta a un procedimiento oficial. Hay además un aspecto que tampoco conviene pasar por alto: el valor simbólico del propio sorteo.

Un sorteo transmite igualdad.

Todos los participantes aceptan que el azar determine el orden de la competición bajo unas reglas conocidas por todos. Cuando ese resultado desaparece horas después para volver a repetirse, aunque las causas sean completamente legítimas, es inevitable que algunos aficionados se hagan preguntas. ¿Sigue siendo exactamente el mismo proceso? ¿Existe algún condicionante nuevo? ¿Se aplicarán los mismos criterios? ¿Habrá exactamente las mismas restricciones que en el primer sorteo? No estamos insinuando irregularidad alguna. Sería irresponsable hacerlo sin pruebas.

Pero precisamente porque la confianza en las competiciones deportivas se sostiene sobre la percepción de imparcialidad, cualquier situación extraordinaria exige una explicación extraordinariamente clara. El deporte profesional vive de la credibilidad. Los aficionados aceptan una derrota. Aceptan un error arbitral. Aceptan incluso que una competición tenga que adaptarse por causas de fuerza mayor. Lo que cuesta aceptar es no saber por qué ocurren las cosas. Y eso es exactamente lo que ha sucedido hoy. Mientras tanto, los clubes deberán esperar al próximo 15 de julio para conocer un calendario que, esta vez sí, todos esperan que sea el definitivo.

Porque un calendario puede modificarse. Un error puede corregirse. Lo que nunca debería quedar en el aire es la confianza. Porque cuando un sorteo deja de ser definitivo… La primera pregunta ya no es contra quién juegas. La primera pregunta pasa a ser otra mucho más incómoda. ¿Quién decide realmente las reglas del partido?

Fotografía de la FEB

Autor Vicenç Ropero

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