Dos partidos por sobrevivir: el primero a Lleida
Imagen Flirck Morabanc Andorra
El MoraBanc llega a la jornada 33 en el filo del precipicio. Tras la cruel derrota contra Burgos (83-85), la permanencia se reduce a una aritmética de urgencia absoluta: ganar en Barris Nord es no morir.
El acantilado se cierra
La derrota contra el San Pablo Burgos no fue una derrota más. Fue el partido que pudo cambiar todo y no cambió nada, salvo que ahora hay menos tiempo. Con solo dos jornadas restantes de la fase regular, el MoraBanc Andorra llega a Lleida en situación de náufrago: si pierde en Barris Nord y, simultáneamente, tanto el Dreamland Gran Canaria como el Casademont Zaragoza ganan sus respectivos compromisos, el descenso matemático será una realidad. No hay margen. No hay segundas oportunidades. El baloncesto que conoce el equipo tricolor, ese que ha permitido mantener la competencia en cada duelo, debe sentenciar una victoria este domingo.
Pustovyi, nuestra supervivencia
La expulsión de Artem Pustovyi en los últimos segundos contra Burgos fue más que un acto de inexperiencia. Fue una radiografía de lo que pasa cuando el ucraniano no está en la pintura. Con él, el MoraBanc tiene defensa interior, tiene rebote, tiene presencia. Sin él, el equipo se vuelve frágil. Tabak lo reconoció: «Hay mucha diferencia cuando él está dentro y cuando no está.»«, esa diferencia puede ser la línea entre seguir vivo o caer al vacío. Pustovyi debe ser intocable en Lleida.
La disciplina defensiva tiene que ser exquisita.
El MoraBanc necesita que la dirección de juego fluya como ha fluido en tramos del curso, cuando Luz, Evans o Rice han tejido el ataque con precisión y criterio. Lleida es un rival que, aunque ya tiene la permanencia asegurada, no regalará nada. El Pavelló Barris Nord es una olla de presión, un ambiente que puede sofocarte si no tienes claridad en las decisiones. Cada posesión cuenta. Cada pase debe tener intención. No hay lujos, no hay improvisaciones. El equipo que mejor dirija el juego, que mejor entienda los espacios y las rotaciones, será el que respire más aire.
Y luego está lo más visible, y esencial: meter canastas. El MoraBanc ha sufrido noches de frialdad en momentos críticos. Contra Burgos, los últimos minutos fueron de agonía ofensiva, de tiros que rozaban el aro sin entrar, de un equipo que parecía congelado cuando más calor necesitaba. En Lleida no puede repetirse ese patrón. No hay tiempo de rectificación. Si el equipo sale frío del túnel, si los primeros cinco minutos son de tanteo y dudas, la psicología del partido se quebrará. Kuric, Pons Okoye, Best, los tiradores del perímetro: necesitan días de lucidez, días en los que el baloncesto sea simple. Entrar y anotar.
La movilización tricolor
El MoraBanc no viaja solo a Lleida. El club ha organizado un autobús desde el Estadi Nacional, 30 euros, entrada incluida, para que la afición tricolor pueda acompañar al equipo en una de las noches más trascendentes de la temporada. Las plazas se han llenado, un centenar de personas aseguradas remando hacia el mismo objetivo. El mensaje es claro: esto no es un viaje de turismo. Estos aficionados tricolores estarán en Barris Nord cuando más cuenta. Cuando todo se tambalea, cuando la matemática se vuelve cruel, el sonido de la gradería puede ser la diferencia entre un equipo que se quiebra y uno que se retuerce pero sigue vivo. El MoraBanc no sentirá que juega en soledad. Sentirá el calor de los suyos en el momento en que más lo necesita.
Hiopos Lleida, por su parte, ya ha certificado la permanencia, ha cumplido su objetivo y el «Aplec del caracol» que se celebra este fin de semana en la capital del Segre puede distraer la atención. No es excusa, el baloncesto no entiende de festividades, pero sí es contexto. Un contexto que el MoraBanc debe explotar sin más.
La resistencia de Tabak
Zan Tabak no quiere mirar más allá de Lleida. El técnico croata ha mantenido su discurso de resistencia: «El mensaje es que nos tenemos que levantar. Jugar los dos partidos siguientes, porque ganarlos vale lo mismo que el de Burgos quedan dos viajes, dos batallas, y en ambas el MoraBanc debe ser perfecto. Contra Burgos el equipo compitió, sufrió, casi lo consigue. Pero «casi» no cuenta.”
Tabak también reconoció lo que todos vieron: el equipo comenzó con «muchos nervios» por la magnitud del partido. La presión es un enemigo silencioso. Este domingo, en Lleida, esa presión debe transformarse en claridad. En Pustovyi inmóvil en la pintura. En pases precisos. En balones que entren. El domingo a las 12.30, en Barris Nord, comienza la cuenta atrás. ¡MAI POR!
Autora. María Freixas
Imagen Flirck Morabanc Andorra

