Nacionalizados, ¿corazón o resultados?
Algo que hace un tiempo correspondía a países “pequeños”, cada vez es más numeroso por la ambición de las selecciones de llegar a más deportivamente. Además, desde las anteriores Ventanas hasta las que comienzan esta semana, nuevos jugadores han conseguido su nuevo pasaporte.
Además, aprovechando la última nacionalización en España, del cadete Rhys Selby, jugador del Real Madrid, es buen momento para volver a tratar este tema tan candente. Conviene recordar el Eurobasket 2025 al ser un buen sustento para argumentar el salto de calidad de las selecciones con nacionalizados.
Algo de contexto
Como con todo, hay que poner en contexto el tema tratado y entender sus normas. Precisamente el caso de los nacionalizados en el baloncesto es un asunto donde el reglamento influye bastante, y ahí la FIBA lo tiene bien claro. Sus mandatarios han sido preguntados en bastantes ocasiones por esos jugadores que obtienen una nueva nacionalidad para jugar con otro país, por el incremento de estos. Siempre repiten lo que dicta el reglamento, un naturalizado por convocatoria en cada partido disputado.
Aquellos que ocupan esta plaza son los jugadores que hayan obtenido el pasaporte de un país diferente a su origen tras cumplir 16 años, por ello hay casos como el de Nick Calathes con Grecia o Vezenkov con Bulgaria, que no han nacido en el país que representan, pero no ocupan el puesto de nacionalizado.

El secretario general de la FIBA, Andreas Zagklis, dejó unas declaraciones interesantes en el verano de 2022, afirmando que “las normas de nacionalización de FIBA son de las más estrictas en todos los deportes”, por el hecho de solo permitir un jugador por roster siempre, y cuando se haya completado al cien por cien el proceso de naturalización. También se defendió ante las críticas argumentando que cada país es diferente, pues en palabras de Zagklis, “hay algunos países en los que es extremadamente difícil obtener un pasaporte. Y otros en los que es un proceso más fácil. Crear una regla que establezca una base para 212 leyes de nacionalidad diferentes es extremadamente difícil. En algunos casos, eres nacional si has nacido en el país. En otros, si tienes un antepasado de una, dos o tres generaciones atrás de ese país o incluso si nunca pusiste un pie en ese país”.
No todo es Lorenzo Brown
Si se saca el tema de los nacionalizados en las canchas españolas, el primer nombre que saldrá será Lorenzo Brown, por lo reciente que está. A pesar de las cuantiosas críticas que suscitó la nacionalización del base que llevó a la selección a la consecución del Eurobasket 2022, hay que recordar que no fue el primero ni será el último jugador extranjero en vestir la elástica roja.
Este asunto siempre ha sido polémico desde los inicios, con una fecha clave, el verano de 1964, cuando se implantó la prohibición de que jugadores extranjeros disputaran la Liga Nacional del momento. Por ello, el Real Madrid se puso manos a la obra y nacionalizó a Wayne Brabender y Clifford Luyk, dos históricos del baloncesto nacional tanto con la selección como con el equipo madrileño.
Le siguieron otros dos, en este caso del Barça, también en el recuerdo de todos, Chicho Sibilio y “Lagarto” De La Cruz. Dos jugadores míticos de la sección barcelonista, y con la selección el Lagarto formó parte de la plata en Los Ángeles 1984, mientras que Sibilio consiguió el segundo puesto en el Eurobasket 1983.
Casos como los de Chechu Biriukov desde Rusia, o Mike Smith, Johnny Rogers, y Kornegay desde Estados Unidos, completan un grupo de jugadores que no llegaron a destacar con España. Rogers y Kornegay obtuvieron el pasaporte español tras casarse con dos mujeres de aquí, el primero quitándole el puesto a Pau Gasol en los juegos de Sidney, y el segundo ganado el bronce en el Eurobasket de 2001 ya con el mayor de los Gasol.

La lista la completan tres jugadores nacionalizados que han contribuido a la época dorada del baloncesto español. En orden de aparición en torneos, el primero fue Serge Ibaka, nacionalizado cinco años después de llegar a España desde la República del Congo. Campeón de Europa en 2011, plata en Londres 2012, disputando también el decepcionante Mundial 2014 en nuestro país.
Le siguió Nikola Mirotic, quien ya había brillado con la selección sub-20 cuando consiguió la doble nacionalidad junto con la de Montenegro. El ahora jugador del Mónaco ganó el Eurobasket 2015 y el bronce en Rio 2016 con el conjunto nacional, para después acabar mal su relación con la selección, que tanto ha hablado en entrevistas.
Por último, Lorenzo Brown, quien sigue en las quinielas de las convocatorias veraniegas a pesar de sus ausencias en el Mundial 2023 y el Eurobasket de este verano. Quizás la naturalización que más críticas ha generado, hasta del propio Rudy Fernández cuando se hizo oficial en 2022, por no tener ningún vínculo con España, al contrario que todos los anteriores.
El Eurobasket 2025 no fue para menos
Vincent Collet, el que fuera entrenador de Francia, ya habló de este tema en el tiempo que el país galo apuntaba a llevarse a Joel Embiid, quien finalmente se decantó por EEUU. Collet afirmó que “la mayoría de las veces, son bases, porque es una debilidad de los países europeos”.Y así se verá en los ejemplos mostrados, muchos de ellos son directores de juego o anotadores pequeños.
Un ejemplo es la selección georgiana, quien ha tenido un estadounidense nacionalizado cada verano, a excepción de Thaddus McFadden, un viejo conocido por la ACB, quien estuvo durante 4 años. Este verano de 2025 se estrenaba Kamar Baldwin en el puesto de base georgiano, tras un año bueno en Baskonia. Máximo asistente de los caucásicos, llegando también a los 11 puntos por partido, pero lo más importante, fue la pieza para que Georgia diera la sorpresa, tras eliminar a Francia en octavos con 24 puntos de Baldwin.
Montenegro es otro país con tradición de nacionalizados, con una lista de conocidos en España como Omar Cook, Tyrese Rice, o Kendrick Perry, actual base del Unicaja. Kyle Allman ha sido el último en llegar, estrenándose este verano. Aun así, en una plantilla donde Nikola Vucevic (que anunció su retirada de la selección) llevaba todo el peso del equipo, Allman era la referencia en el puesto de base o escolta, siendo tercero en valoración, tercero en puntos, tercero en rebotes, y líder en asistencias.

En Bosnia, John Roberson ocupó el puesto de naturalizado que dejó la baja de Xavi Castañeda, y llegó también por la ausencia de Dzanan Musa. 13 puntos por partido, cumpliendo su función, aupando al equipo en momentos clave, llegando a octavos, otra sorpresa. Aunque Nurkic eclipsaba a cualquier jugador, John fue la clave para clasificar a octavos con 18 y 15 puntos en los últimos partidos de grupo, y con 19 ante Polonia estuvo a punto de pasar a cuartos.
Travante Williams primero llevó a Portugal a un europeo después de 14 años con sus actuaciones en las Ventanas FIBA, y después en el torneo fue un foco de anotación para descongestionar a Neemias Queta, y llevar a los lusos a octavos. En Chipre, la peor selección del torneo, se encuentra Darral Willis, quien tuvo un buen papel en la fase clasificatoria aun teniendo plaza como anfitriones. Se convirtió en el absoluto líder de los chipriotas.
También hay que decir que no todos son la referencia de su selección, hay algunos que completan bien la plantilla, pero no destacan. Es el caso de Khadeen Carrington con Israel, Tarik Phillip con Reino Unido, o Darius Thompson con Italia. El primero se estrenaba, pues Jake Cohen ocupaba la plaza extranjera israelí. Con Tarik Phillip hay que partir de que juega en Reino Unido, una selección de nivel cada vez más bajo. Aun así, no es de los más destacados, cortando la afirmación de que todos los naturalizados tienen un rol bueno.
Para Darius Thompson este era su primer verano y contacto con la selección italiana, que acostumbraba a tener algún que otro nacionalizado. Venían de tres torneos sin ninguno (contando con que no disputaron París 2024), y este verano apuntaba a que el NBA Donte DiVincenzo ocuparía esa plaza, ocupándola finalmente Thompson.
Los que de verdad han ayudado
Si hay que seleccionar a un grupo concreto de aquellos jugadores naturalizados que de verdad han ayudado a que sus selecciones a dar sorpresas son los siguientes, ordenados de menor a mayor puesto en el Eurobasket.
En cuartos se quedaron Jordan Lloyd y Alen Omic, representando a Polonia y Eslovenia respectivamente. Por su parte, Lloyd se estrenaba con la selección polaca, teniendo el papel de sustituir a AJ Slaugther, convertido casi en historia de la selección por su impacto. No se achantó, fue el mejor de Polonia junto con Mateusz Ponitka, la otra estrella y líder del equipo. Calidad patente para que Polonia superara la fase de grupos, y llegar a octavos para derrotar a Bosnia con una magistral actuación de Jordan Lloyd y sus 28 puntos. En cuartos 19 puntos para ponerle las cosas difíciles a Turquía, quienes serían subcampeones.
El caso de Alen Omic es particular, ocupa plaza de naturalizado por un conflicto político, la división de la extinta Yugoslavia. Omic nació en 1992, el año en el que Bosnia se declaró como República Independiente, por lo que es de origen bosnio, consiguiendo la nacionalidad eslovena años más tarde cuando se trasladó a jugar ahí. Fue la referencia en la zona ante la supremacía de Doncic, siendo capaz de aportar por encima del aro. Alen Omic es un naturalizado más para Eslovenia, en una lista en la que figuran nombres importantes como Mike Tobey, Anthony Randolph o Josh Nebo.

La Finlandia de Lauri Markkanen fue la sorpresa del torneo, primero derrotando a Serbia, la máxima favorita, en octavos, y después llegando a la lucha por el bronce, perdiendo ante Grecia. Vistiendo la camiseta de Finlandia está Jacob Grandinson, nacido en EEUU, que lleva dos años nacionalizado. Aunque esté Markkanen, es un equipo donde muchos nombres se complementan. Grandinson ejerció de desatascador en algunos momentos con sus triples y su forma de luchar los rebotes.
Tyler Dorsey volvía con la selección griega tras dos torneos donde Thomas Walkup le sustituyó. Jugador de una tremenda calidad ya conocida, con un puesto de alto nivel en Euroliga, siendo un anotador puro, y así lo utilizó Spanoulis. Claramente una plantilla donde Giannis Antetokounmpo eclipsa todo, Dorsey fue segundo en valoración (10,9) y en puntos (12,6), siendo puntal desde fuera rozando el 50% en triples.
El nacionalizado que llevó más lejos a su selección fue Shane Larkin, que lleva desde 2021 con Turquía, aunque pareciera que lleva más tiempo por su tremendo impacto. Es integrante del trío formado por Sengun, Osman, y el propio base de Efes, quienes sostuvieron a la selección turca hasta llegar a la final ante Alemania. Quitando a Sengun, la bestia turca, Larkin sería primero en valoración (15,1), segundo en puntos (11,6), segundo en rebotes (3,7), y primero en asistencias (5,1). Sobre todo, lo que hay que destacar es su fase final del torneo, con 35 minutos por encuentro y grandes actuación en todas las facetas del juego.
Soluciones a problemas
No todo es lo estrictamente deportivo cuando se habla de los nacionalizados en el baloncesto, pues como en cualquier asunto, influyen muchas más cosas alrededor. La primera de ellas viene observando la nacionalidad de origen de muchos jugadores, Estados Unidos, por una razón clara, las pocas o nulas oportunidades que dan a los jugadores de ir convocados a cualquier torneo. Raro es el que juegue en Europa y vaya, como mucho, a la Americup, por la importancia de la NBA en el país. Por ello, muchos jugadores buscan esas oportunidades de representar a un país y seguir compitiendo en torneos de selecciones, ayudando muchas veces a estados más pequeños a subir un escalón de nivel.
Las dobles nacionalidades también dan facilidades tanto a jugadores como a clubes, pues dejan de ocupar la plaza de extracomunitarios, con sitio limitado en los equipos (en ACB tan solo dos por encuentro). Esto lleva a que sus fichajes y renovaciones sean más asequibles y fáciles para los clubes, eliminando esa barrera en el mercado de mirar por las plazas. Así, muchas veces se producen nacionalizaciones “exprés” de jugadores que fichan equipos sin sitio para extracomunitarios, realizando esos “sacrificios”, ayudados muchas veces por los gobiernos, para poder jugar en el club que quieren.
Una de las grandes criticas es que los propios jugadores no saben ni donde está el país que van a representar hasta que obtienen el pasaporte, pues como ya decía Andreas Zagklis, muchas veces se dan las nacionalidades sin haber pisado el país. Ejemplos de ello son Jaleen Smith, naturalizado por Croacia, declarando que “no sabía ni donde estaba, era mi primera vez allí”, o Mike Tobey, uno de los muchos “extranjeros” de Eslovenia, que reconoció no saber nada del país balcán en una entrevista, en la que dijo que su conocimiento acerca de Eslovenia “ocurrió cuando me dijeron que me daban el pasaporte”.
Los nacionalizados, un tema candente que seguirá su ritmo hasta que cada selección incluya uno de ellos en sus listas cada verano o cada fase de clasificación. Es un hecho que no se puede negar, los países van aprendiendo de los que ya lo hacen, viendo los resultados inmediatamente muchas veces, pues un jugador estadounidense suele hacer el bien en cualquier equipo.
Autor: Rubén Moncayo

