abril 15, 2024

Coosur Betis: Una montaña rusa de emociones.

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Por Fran González.

No se me ocurre mejor manera para describir la temporada para el equipo bético. Un equipo que, tras un ascenso brillante, sumado a unas temporadas de sufrimiento y lucha por la permanencia, por fin daba la impresión de haber realizado los deberes en verano y tener una plantilla que, a priori, le permitiría  una temporada tranquila y, por qué no decirlo, poder soñar por la lucha de los puestos nobles de la  clasificación. A la presencia de Joan Plaza en el banquillo se le añaden Carrington, Dairis Bertans, Vitto Brown o Marko Todorovic, jugador destinado a ser clave en el porvenir bético. 

Durante la era Plaza, el equipo no terminaba de carburar como debía, cuajando buenas actuaciones como las victorias ante Andorra y Valencia, pero con partidos que se escapaban por grandes desconexiones, como el último cuarto ante el Barcelona (11-21). Esto desembocó en la marcha de jugadores claves, en especial Todorovic, buque insignia del equipo hasta ese momento. Derrotas contundentes, como la cosechada por 71-48 frente al Real Madrid, provocaron la marcha de Plaza. El 21 de noviembre toma el mando del equipo bético Luis Casimiro, un entrenador conocido en tierras sevillanas. 

Pesimismo. No se puede describir de otra forma el sentimiento del aficionado bético en ese  momento. Sentimiento que se iría agudizando con el paso de los partidos, ya que, aunque en un  principio el efecto Casimiro logró una racha de 5 victorias en los siguientes 10 partidos, junto a la explosión  de Shannon Evans, tomando aún más responsabilidad y siendo ya sin duda el corazón del equipo, no parecería suficiente para salvar al que parecía ser equipo abocado a ocupar la plaza de colista en la Liga Endesa. Pocos en ese momento apostaron por algo que no fuese jugar en Leb Oro en la temporada 22/23. 

Tras este periodo convulso, vino la reacción. Ya nadie contaba con ellos, pero algo cambió, la batuta de Luis fue consiguiendo un  equipo más consistente: la llegada de Eulis Báez y Travis Leslie entre otros, que aportaron experiencia y  competitividad a la plantilla, y un Shannon Evans, que terminó la temporada en modo MVP, obraron el milagro. 6 victorias en los últimos 7 partidos aseguraron la permanencia de los sevillanos a los que, visto este final de año, la temporada se les hizo corta. Y es que a la afición le queda la sensación de que, a este nivel de juego, se podía competir por cosas más ilusionantes. 

Por último, apareció la euforia. La salvación, unida a la gran racha final del equipo, permite generar ilusión en luchar por  una temporada tranquila o, por qué no soñar con ello, lograr objetivos aún más bonitos. Con la  continuidad del míster asegurada, a priori el conjunto bético debería apostar por la continuidad en la  plantilla después de unos años muy movidos. La clave para la próxima temporada puede ser la consagración de un bloque que ha demostrado que puede ser más que solvente, destacando en especial a un Evans que ha terminado la temporada a un nivel estratosférico, al que sin duda ya están tratado de seducir desde grandes equipos, y por el que se debería hacer un esfuerzo que, sin duda, se ha ganado.

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