Curioso a lo que la vida te enfrenta sin darte cuenta. Pues cierto es que se creó Basket Pasión sin ánimo de lucro, pero por suerte está siendo así. Lucro no en dinero, créanme. Lucro en el tacto con la gente pues en cuanto a un grupo numeroso, como es este caso, hay de todo.

Hemos tenido rapsodas que han durado un día y hasta menos. Hemos tenido gente emocionante que no hemos sabido adaptar y han proseguido su camino. He conocido gente desde un principio. A Toño ya no le voy a dorar la píldora. Ya tuvo su artículo.

Pero hoy me quiero referir a una persona con la cual contacté de casualidad pues realmente contacté con su hermana (desde aquí un beso).

Ya, meses atrás, decidí entrevistar al entrenador ayudante del Cáceres, un tal Iago Castro. Y en mi afán de sorprender y de hacer algo diferente, indagué, llamé y hasta fui intrusivo. Pero estuve ahí.

Y entre todos los contactos que saqué, todo ello fluyó a contactar con una chica de Sarria, como Iago (bendita tierra). Curioso que estudia en Valladolid, allá donde el Pisuerga baila con el viento. Y donde por aquellos entonces no teníamos un alma que cobijara al equipo de Paco García.

La llamé. Le noté un tono de voz dulce como los de Sarria Y no dudó un ápice en decirme que sí a cubrir a UEMC Real Valladolid. Además, siendo ella estudiante de periodismo.

Reconozco que la noté tímida. Ajena al móvil, seria de semblante. Pero comprometida desde el primer momento.

Hoy se convierte en una profesora intachable de cómo escribir artículos. Se convierte en esa persona que no da lata, que hace su trabajo y encima sonríe. Que la corriges y acepta el reto de querer ser mejor. Siendo un inepto en comunicación del que asume esta teoría de poder ser mejor. Y que sabes a ciegas que lo que envíe es orrecto.

Pero créanme de esta mujer que no solo es una gozada en cuanto a predisposición para el trabajo. Sino que es agradecida a más no poder. De esas personas “ositos” a las que no te cansarías de achuchar. Y que encima, de vez en cuando, te escriben algo como: “gracias por hacerlo tan fácil”

Y, Nerea, no te enteras que la felicidad más suprema es trabajar contigo. Porque cuando tú ganes un Pulitzer, yo diré: es mi amiga.

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